sábado, 1 de diciembre de 2012

No me toquéis los…Twinkies… / Jota.E/


Nota histórica de 2026: Este artículo fue escrito originalmente en 2018, en plena resaca de la crisis y el cierre de la mítica fábrica de Hostess. Lo recuperamos hoy porque el fenómeno de fetichizar la comida basura y convertir cualquier absurdo en viral no ha hecho más que empeorar.
Cuéntale lo del Bizcochito, ¿Qué pasa con el Bizcochito¿
Últimamente paso un poco de los informativos; lo cierto es que entre la crisis, la independencia, los políticos imputados, los desahucios y el tiempo, la cosa no está como para tirar cohetes. Pero hoy me ha llamado la atención una noticia de esas de «relleno» con las que nos entretienen los domingos o los días de puente, cuando nunca pasa nada relevante más que el tráfico, la playa o la nieve. La televisión en esos días muertos es un espectáculo curioso.
La cuestión es que decían en la noticia que en internet se están vendiendo los famosos Twinkies como objetos de coleccionista. Muchos os preguntaréis: «¿Qué es un Twinkie?». Pues no es un jarrón Ming, ni un cuadro de Picasso, ni siquiera una joya de Carmen Lomana; es un simple bizcochito. Sí, como leéis. Un pastelito que en España, gracias a Bimbo pudimos conocer como «bucanero» o «Boni».
Los Twinkies están elaborados con una masa esponjosa rellena de crema, miden aproximadamente 12 por 3,75 centímetros y se distribuyen en paquetes de tres. En los Estados Unidos, este pastelito es entendido como el paradigma de la comida basura: cada uno contiene unas 145 calorías. Se ha convertido en todo un referente para millones de personas, no solo allí sino en el resto del mundo, ya que nos da por copiar todo lo que viene de Norteamérica. El despido de más de 500 trabajadores llevó al resto a la huelga, lo que provocó que la empresa —existente desde 1930— pusiese en venta todos sus activos y dejase de operar temporalmente. Ante la idea de que no se fabricarían más, muchos estadounidenses se lanzaron a vaciar las estanterías en busca de las últimas existencias.
Dicen las leyendas urbanas que un Twinkie es indestructible y sigue comestible después de cien años; si entierras uno hoy, dentro de un siglo el arqueólogo que lo encuentre se lo podrá comer para merendar. El pastelillo en cuestión fue inventado y horneado el 6 de abril de 1930 por el panadero James Dewar, quien intentaba crear un dulce de galletas con salsa de fresas. Al principio se usaba relleno de plátano, pero fue reemplazado por crema de vainilla debido a las restricciones de ingredientes durante la Segunda Guerra Mundial. Algunas personas, como Christopher Sell, reinventaron su versión llevándola al extremo con el fried Twinkie (el pastelito frito). Claro que a nosotros, los de Toledo, no se nos puede comparar este bizcocho industrial con el delicioso «enchufe» que en otros sitios llaman «pepito de crema». ¡Mmmm! No hay color, no señor.
Sea como fuere, su consumo se ha extendido por el globo. En España, como ya sabemos, fueron los llamados Bucaneros (con su versión de chocolate y crema de avellana). En México se denominan Tuinky y compiten con los Submarinos (que se parecen más a un torpedo que a un submarino). En Chile se les conoce como Rayita y su mascota es una cebra (claro, de ahí lo de rayita, que ya estabais pensando en otra cosa). En Venezuela también se llaman Twinkies, a pesar de que su difunto presidente de entonces decía que todo lo de EE. UU. era del demonio (por su aspecto, diría que los comía habitualmente).
En el cine y la televisión los hemos visto frecuentemente. Hacen referencia a ellos en Los Simpson, y creo haber visto a Dean Winchester (interpretado por Jensen Ackles) en la serie Supernatural engullendo unos cuantos, o a Carl Winslow (al que daba vida Reginald VelJohnson) de Cosas de Casa llevándose para llenar la despensa ,como premonición de lo que pasaría después. Los que tengáis buena memoria recordaréis que en la película Zombieland, el protagonista interpretado por Woody Harrelson se pasa medio filme matando zombis mientras busca desesperadamente el último Twinkie sobre la faz de la tierra. Mi escena favorita, no obstante, está en Cazafantasmas, con la mítica frase: «Cuéntale lo del bizcochito».
Me imagino a las cajeras de los supermercados horas después de que el fabricante echase el cierre, con la gente atestando las tiendas para llenar carros enteros con paquetes del esponjoso pastelito, exactamente igual que si estuviese llegando el Apocalipsis. Parte de aquellos espabilados se metió en portales de subastas como eBay para especular con su acopio entre coleccionistas, caprichosos y demás aburridos de la red. Y es que hay quien compra arte en Christie's para legarlo a sus descendientes... pero ¿Qué mejor herencia que un pequeño y reseco Twinkie? Como bien dijo el torero: «Hay gente pa' tó».

3 comentarios:

  1. me parto de la risa contigo, pero vamos q ya tengo yo claro mi futuro jajaja, me marcho a USA a preparar a esta gente unos Twinkis jajaja,tanto hacer bollitos yo creo q esos los tengo q dominar pero ya¡¡¡ un beso bonitaa

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  2. Fija te por donde no tenia ni idea como se llamaba el dichoso pastelito. Claro que quizá la fabrica aya quebrado por no comprar yo nunca los pastelitos, si te digo que en mi larga vida solo he comido un donut y por cierto debía de ser de antes de la guerra porque estaba como una piedra y me toco a mi así que nunca mas. Gracias por tus historias.
    un abrazo...

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  3. Yo si que he comido de pequeña, menos mal que entonces no me hacia engordar ni el bucanero.Pero aunque duren cien años a mi que no me den más. Un abrazo

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