lunes, 6 de julio de 2015

Frente a la prima de riesgo y los jeques: el regreso a la sensatez del agua fresca de un botijo /Jota.E/

  • Archivo del Blog (2015–2026):  Retomamos este texto escrito durante la crisis del euro en 2015. Lo reeditamos hoy en 2026 porque la metáfora del botijo y nuestra sumisión al poder sigue siendo una bofetada de realidad necesaria.

  • Hace casi tres años que tengo abandonado este blog. A decir verdad, no debí dejarlo nunca, porque me gusta escribir y porque creo que sé expresarme en este medio... pero la vida y las circunstancias me hicieron creer lo contrario.
    Hoy, 6 de julio de 2015, tras despertar con un calor infernal y con las noticias de Europa sobre el Oxi de Grecia, el anuncio de la dimisión del ministro de finanzas Yanis Varoufakis, la subida de la prima de riesgo, la bajada de las bolsas y la fuga en masa de capital extranjero y nacional... tras todo esto, solo me he acordado del humilde botijo. 
    Yo nací hace medio siglo en un pueblo de la Mancha de cuyo nombre no quiero olvidarme. Nací en una humilde familia de trabajadores y no he tenido en la vida grandes lujos ni grandes ambiciones, nada más que mi gente estuviese sana y pudiese salir adelante. Ahora eso lo veo cada vez peor. Siempre he presumido de ser una persona humilde, trabajadora, que se conforma con poco, solidaria... Hoy quisiera ser millonaria, rica, poderosa; quisiera ser una diosa que curase todos los males de la tierra. Pero soy, nada más, como un botijo. Hecho de barro, que guarda el agua fresca en verano, que no necesita enchufarse a ninguna corriente eléctrica ni requiere ser llevado a una planta de reciclaje cuando se rompe.
    Somos barro. Somos el botijo. La vida nos da constantemente la oportunidad para que aprendamos a ser humildes, pero nosotros, los humanos, queremos más: queremos el universo, la buena vida, queremos que nos den mucho sin corresponder. Nos han enseñado un mundo detrás del espejo, como el de Alicia, pero no es real. Nosotros, los humanos de aquí abajo, no tenemos derecho a relacionarnos con los grandes políticos, con los jugadores de fútbol, con los jeques o con los artistas. Somos tan absurdos que los ponemos donde están: compramos sus canciones, vamos a sus partidos, llevamos las marcas que nos imponen, gastamos su tecnología, pagamos sus sueldos y, además, soportamos sus corrupciones. Alabamos sus decisiones y tomamos partido por unos o por otros, cuando en el fondo todos son lo mismo y su única meta es el PODER.
    Hoy precisamente, con la ola de calor que estamos aguantando, me acuerdo de mi infancia, de mis abuelos trabajadores del campo, de mis padres, de los chapuzones en el barreño en el patio de mi casa, de las meriendas de pan con tomate y del agua fresca del botijo. Algo dentro de mí quiere volver a aquella vida. Tal vez entonces podamos tomar decisiones más acertadas y no tropezar tantas veces con la misma piedra.
    Si alguien sigue aquí, gracias por esperarme.

    «El cántaro tiene una virtud que no tiene el vaso de cristal: que el agua que contiene se parece a la tierra».
    Miguel de Unamuno, escritor y filósofo español.

    1 comentario:

    1. Yo sigo aqui siempre esperando que escribas, sabes que para mi es un gozo leerte, soy mucho mayor que tu y el botijo con todo lo que hay detras asido parte de mi vida.
      Un abrazo Jota de una amiga...

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