martes, 30 de noviembre de 2010

La patata caliente de las aulas: derechos, deberes y la comodidad del botón de 'Play'. Jota Esquivias 2010

Nota de Archivo Histórico (Diciembre 2010)
Este artículo fue publicado originalmente a finales de 2010. Se presenta en su versión editada, conservando una reflexión sobre el sistema educativo y la responsabilidad familiar que sigue generando debate. El texto retrata una época de transición marcada por el repunte del desempleo juvenil tras la crisis de 2008, los debates sobre las alternativas a la asignatura de religión y los primeros compases de la cultura digital y las redes sociales en la adolescencia.
Fotografía de Gijsbert Van del Wal
Se habla mucho de la enseñanza en los colegios: los niños no aprenden —o no quieren aprender— y los maestros, hastiados en muchos casos, “pasan” simplemente las horas de clase estipuladas, hacen su trabajo cual robots y a otra cosa, mariposa.
Se teoriza a menudo acerca de métodos y sistemas más eficaces de enseñanza mientras nuestros hijos dejan sus estudios a medias. Cada día es mayor el número de jóvenes sin graduado que engrosan las listas del paro, ya de por sí demasiado gruesas; jóvenes sin preparación ninguna, ni académica ni laboral. Hijos e hijas que se pasan la vida en las redes sociales, quejándose de todo y no faltándoles de nada. Aunque ahora, con la crisis que estamos atravesando, la verdad es que se empieza a carecer de muchas cosas.
Fenómenos sociales como el “botellón” inundan nuestras calles, plazas y parques. La inmundicia y los problemas que acarrean estos fenómenos son una patata caliente que se pasan entre políticos, educadores y padres. Pero ninguno se quiere hacer responsable de ciertas actuaciones que cada día van mermando la integridad de nuestros adolescentes, llegando a tener muchos de ellos problemas con el alcohol y las drogas a muy temprana edad.
Una legión brillantísima de eminentes pedagogos nos da multitud de normas por las cuales conducirnos y conducir a nuestros jóvenes: enseñanza solidaria, continua, intuitiva, consecuente, acromática, simultánea, socrática… Sería cosa de no acabar nunca de enumerar para, al final, venir a concluir en que, del mismo modo que en lo concerniente al material, cada maestro se las ha de arreglar como buenamente pueda. Todo según las circunstancias, el número de alumnos o las condiciones locales.
En cambio, no nos damos cuenta de que cada caso particular exige, muchas veces, procedimientos distintos. Aglomerar en un aula a todo aquel que no estudia religión católica, por ejemplo, con la llamada clase de ética —que en la mayoría de los casos no se imparte o se imparte mal— no es la solución. Obligar a los alumnos a leer soporíferos libros en los que algún pedante profesor sacó una brillante idea en su pasada juventud tampoco conduce a grandes logros. Ver películas sin ton ni son, elegidas al azar en cualquier decadente videoteca, sin más preparación que la de saber dar al botón de “Play” del aparato, parece la opción más aceptada (que no acertada); lo cierto es que no conduce a ninguna parte.
El primer paso a dar sería el trabajo continuo, despertar una conciencia y habituar a los niños a distinguir los derechos y los deberes. A todas horas, en todas las ocasiones y con todos los pretextos. Si no partimos de esa base, todo lo demás será inútil. Hay que enseñarles a respetar y a respetarse a sí mismos, marcándoles unas metas de futuro que serán distintas en cada uno de los casos. Se deben incentivar las escuelas profesionales, pero no esperar a que el alumno arrastre tres o cuatro cursos detrás de sí como último recurso, sino desde la base, desde que el estudiante tenga claro lo que quiere hacer en la vida.
La educación de nuestros hijos se nos ha ido de las manos. Creemos que educar consiste en meterlos lo más temprano posible en guarderías y ludotecas (que no son más que sitios para quitarnos a nuestros hijos de encima y no educarlos nosotros mismos). Pensamos que basta con comprarles las últimas videoconsolas, el último teléfono móvil —bajo el pretexto de tenerlos controlados— y, en definitiva, todo lo que nuestra conciencia nos dicta en forma de regalos, pero no en amor filial. Si continuamos por ese camino, nos seguiremos dando contra un gran muro (lleno de pintadas, por cierto).
En la razón de cada uno está la educación de sus hijos. No hay que dejar que otros hagan lo que, por derecho y obligación, nos pertenece a nosotros mismos.


 «Educar es creer en la inagotable posibilidad de la educación, es creer en la capacidad humana de ser mejor»

José Ortega y Gasset

viernes, 19 de noviembre de 2010

La Cárcel de mis Versos José Santos Chocano - 1906



Mientras haya en la cúspide un tirano,
mientras haya en el antro un prisionero,
mientras en la ciudad quiera el guerrero
hacer lo que en la breña y en el llano;
mientras no se alce el pueblo soberano,
yo, hecho Job de este inmundo estercolero,
he de cantar las rabias que el acero
sienta al hallarse entre la puerca mano...
Y cual mano que rueda cercenada
prendida siempre al puño de la espada,
bregando seguiré siempre con ira...
¡Y logrando aplastar a los perversos
los hundiré en la cárcel de mis versos,
y como reja les pondré mi lira!
José Santos Chocano
La Revista Socialista (Madrid), 16 de mayo de 1906.

jueves, 18 de noviembre de 2010

Evidencias Actuales. Jota Esquivias 2010

Nota de Archivo Histórico (Noviembre 2010)
Este artículo fue publicado originalmente a finales de noviembre de 2010, un momento crítico de la Gran Recesión en España, cuando el desempleo se acercaba a los cinco millones de personas. El texto actúa como una radiografía de época, capturando el descontento social bajo el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero y entrelazando la realidad nacional con hitos internacionales de ese mes exacto: el rescate económico de Irlanda, las protestas en Francia por la reforma de las pensiones y el desmantelamiento del campamento saharaui de Gdeim Izik. Se presenta en su versión editada, conservando su valor como crónica sociopolítica del momento.
Lus Joosten which 2020

Es evidente que una sociedad donde los elementos productores —los que crean cuanto es necesario para la vida y el desarrollo del ser humano— carecen de todo, sufren mil humillaciones y están completamente subordinados, mientras los holgazanes, los parásitos y los que no aportan casi ningún esfuerzo útil nadan en la abundancia, gozan de todo y reducen a escasos sueldos a los que todo lo producen, es una sociedad condenada por la justicia.
Y si hablamos de que esto pasa en una sociedad —repito— gobernada por el "socialismo", ¿Qué podemos esperar los trabajadores? Los mismos verdugos (o lo que es igual, los jefes) convienen en este punto con las víctimas.
A su vez, la razón condena también y rechaza un sistema social como el presente, en el que, a mayor abundancia de productos y a una considerable riqueza, corresponden una mayor suma de privaciones y un grado extraordinario de consternación y desventura. Raya en lo absurdo ver a una porción de habitantes hacer largas colas en las oficinas del paro, no poder pagar sus hipotecas y no llegar a fin de mes con el escaso subsidio que les es entregado (y en algunos casos, ni eso).
Ocurre cuando hay miles de casas inhabitadas, ropas y calzado en destocaje por falta de venta, y géneros alimenticios de todas clases que diariamente van a parar a la basura por no haberse entregado al consumo en el momento necesario, todo por no bajar los precios inflados a los que ya nos están acostumbrando.
Protesta además la razón contra un medio social que, según se desarrolla y llega a sus últimos límites, hace del ser inteligente, útil y moral un esclavo, y convierte en señor —casi en dios— al que está desprovisto de aquellas cualidades y se halla dominado solamente por el afán de enriquecerse; no mediante su capacidad y esfuerzo, sino a costa de la actividad y el conocimiento ajenos. Y si no, echen un vistazo a sus ayuntamientos, a sus delegaciones, a sus liberados sindicales o a sus encargados.
La justicia, así como la razón, exigen, pues, que un estado tal de cosas desaparezca para poder salir del bache en el que nos vemos metidos. Pero hay demasiadas fortunas en juego, demasiados puestos de trabajo con sueldos desorbitados que se niegan a una reforma de este sistema. Con el cuento de que los estados anteriores eran injustos también y vivieron durante mucho tiempo, nos hacen creer que las sociedades pasadas luchaban igualmente con la razón y, sin embargo, así les fue a muchos de ellos. Aunque, claro, cada uno ve la historia según las gafas que lleva puestas en ese momento.
Lo que ha empobrecido, lo que siempre ha deshecho y sepultado a los organismos sociales caducos, facilitando la aparición y el desarrollo de otros nuevos, ha sido la necesidad: esa poderosa fuerza que no conoce dique alguno capaz de contenerla. Ella fue la que redujo a la nada la esclavitud; ella la que puso término a la servidumbre (aunque en ocasiones no lo parezca, como en la reciente visita papal). Ella es la que hoy ordena y exige imperiosamente que el trabajador por cuenta ajena —última forma de la sumisión de unos seres a otros— se rebele de la situación a la que nuestro Estado lo somete.
Sucédanse los periodos de trabajo y de crisis respectivamente; ya lo dice la Biblia: siete años de vacas gordas originan siete de vacas flacas. Y desde la entrada de este gobierno, al final no habrá ni vacas por el coste del ganadero y el poco beneficio que obtiene. El capitalismo, en estos periodos, se sienta a disfrutar de sus beneficios anteriores y aprovecha para sus fines la parada de miles de obreros, haciéndoles trabajar más horas por menos sueldo y ofreciendo contratos de los llamados “basura”, siempre con el beneplácito de los gobernantes de turno.
La crisis actual, cuyo término no se vislumbra, parece indicar que la paralización del trabajo —mejor dicho, la falta de ocupación de millones de obreros (casi cinco)— va a dejar de ser un fenómeno transitorio, aunque duradero, para convertirse en un hecho constante, en un mal perpetuo. Los sucesos en Francia por la reforma de pensiones, la caída generalizada de las bolsas europeas ante la crisis de Irlanda, los terribles acontecimientos del Sáhara... ¿Qué son más que signos precursores de la necesidad que existe de concluir con este gobierno y la sociedad que lo mantiene? ¿No tenemos bastantes evidencias de que estamos ante un gobierno que deja pasar los días para ver si ocurre un milagro o una catástrofe que le deje respirar por un tiempo y haga que la opinión pública mire para otro lado?
Y como decía Pío Baroja: “Aunque tengamos la evidencia de que hemos de vivir constantemente inmersos en la oscuridad y en las tinieblas, sin objeto y sin fin, hay que tener esperanza”. Pero la esperanza no viene de la nada, ni de mirar al cielo ni a las nubes. Evidentemente.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Epístolas á un obrero republicano II A. Martín Callobre 1906

Charles C. Ebbets.1932
                                      II
Principio doy a esta misiva mía,
de lógica trivial y pobre estilo,
procurando anudar el roto hilo
de la que te escribí en cercano día.

Del ideal político que ostentas
pretendí en mi anterior, no disuadirte
por prevención hacia él, sí persuadirte
de que esperanzas vanas alimentas.

Si crees que puede hallar el desgraciado
pueblo trabajador, que hoy encadena
el régimen burgués, para su pena
alivio, o redención para su estado,
en forma de gobierno que en pie deja,
y su injusto derecho reconoce,
la apropiación individual que el goce
de la sufriente humanidad aleja.

Del obrero avisado el propio puesto
no son las filas de burgués partido;
¡son las del que por verle redimido
a la lucha sin tregua está dispuesto!
Son las del que organiza las legiones
que con la vista fija en el mañana
limando van de la cadena humana
los seculares mohosos eslabones.

En ese me hallo yo, como tú sabes,
y en él está tu puesto ¡oh compañero!
Ven al... [............................]*
que de un hermoso porvenir las llaves
sus lemas son, y las doradas puertas
que el ideal columbra en lontananza,
a medida que aumenta su pujanza
se acerca el día ya de ser abiertas.

En él espero yo que comprendiendo
los intereses de tu clase, ingreses,
y sin ser ya comparsa de burgueses
estés a nuestro lado combatiendo.

A Martín Callobre
Salamanca, 17 de abril de 1906.
Publicada en la Revista Socialista el 1 de mayo de 1906.
(Nota del editor: El espacio entre corchetes corresponde a una palabra ilegible o censurada en el archivo original de la revista).   

Epístolas á un obrero republicano I A. Martín Callobre -1906


I
Tu entusiasmo conozco: sé que pones
tu fe en el ideal republicano,
guiado de inocentes inducciones.
Anhelas ver que todo ciudadano
libre sea de un polo al otro polo
e igual ante la ley el ser humano.
¡Noble empeño en verdad! Pero el más bolo
advierte que no es fácil realizarlo,
verlo en nuestra república, pues solo
cuando la explotación haya cesado
del hombre por su igual, podrá ¡Victoria!
gritar el pueblo entonces libertado.
Y fin poniendo a la infamante historia
del régimen burgués, la nueva era
registrará para eterna memoria.
Mientras subsista el régimen que impera
de inicua explotación, con Monarquía
o República, el pueblo dondequiera
no logrará la redención que ansía.
Y si quisieres de esto convencerte,
mira donde hay Repúblicas hoy día
del pueblo productor la fausta suerte.
Verás que es la igualdad tan decantada
un mito, y la ley rige del más fuerte.
¿Tiene para vivir asegurada
la pitanza la clase desvalida
donde está la República instaurada?
¿No? Pues entonces di a qué reducida
tan gran libertad queda, y los derechos
del hombre pregonados sin medida.
En el cambio de régimen, provechos
encontrará, sin duda, el poderoso;
mas no debe el obrero tan a pecho
tomar un ideal que tan hermoso
parece a quien no estudia los problemas
del estado presente tan odioso.
Desdeñando políticas pamemas
de señores que el propio encubrimiento
buscan en geopolíticos sistemas,
obrero, tu concurso y ardimiento
debes solo prestar a tus hermanos
cooperando al común mejoramiento.
Y en otros ideales más humanos
puedes desenvolver tus energías,
sin que resulten tus esfuerzos vanos,
luchando contra odiosas tiranías
propias de tiempos que el ideal velaban
de ignorancia las nubes más sombrías.
Con República a secas no se acaban
miserias, privilegios, injusticias
que de dolor profundas huellas graban
en el alma del pueblo, a quien servicias
de los soberbios que el poder ostentan
le hacen pensar en trágicas justicias.
No los desposeídos se sustentan
solo con unas cuantas libertades
que en su vivir bien poco representan.
Y si alguno quizás por necedades
toma mis argumentos, yo le digo
que es más necio quien no ve las verdades
que apuntan mis palabras, y es testigo
ciego e inconsciente de cuanto hoy sucede
en el estado actual, que yo maldigo.
Hoy no te digo más. Otra vez puede
que a insistir vuelva sobre el mismo asunto.
Hablarte así a mi convicción procede.
Salud, y la social. Y aquí hago punto.
A. Martín Callobre
Salamanca, 17 de abril de 1906.
Publicada en La Revista Socialista (Madrid, 1 de mayo de 1906).

domingo, 14 de noviembre de 2010

Vocaciones de un niño Álvaro Ortiz -1906



El profesor del colegio
se dirigió a los discípulos
que estaban bajo su férula,
y con dulzura les dijo:
—Tened a bien indicarme
vuestra vocación, hijitos.
¿Qué queréis ser cuando el tiempo
madure ya vuestro juicio?
—Yo papa. —Yo rey. —Yo príncipe.
—Yo general. —Yo arzobispo.
—Yo un Creso. —Yo presidente
del Consejo de Ministros...
De sus miradas ambiciosas
dando relevantes signos,
así fueron, uno a uno,
contestando los chiquillos.
Todos no, pues uno había
taciturno y pensativo
que no despegó los labios
ni se dio por entendido.
El profesor, observándole,
le preguntó con cariño:
—Y tú, ¿no ambicionas nada?
—Mucho —replicó el chico—.
Ambiciono más que todos
esos compañeros míos
que han demostrado codicia
de grandeza y de títulos.
Quiero ser, como mi padre,
defensor firme y activo
de una sociedad más justa
que la injusta en que vivimos;
de una sociedad libérrima
que se base en el principio
de que económicamente
todos seamos lo mismo;
de una sociedad ligada
por los lazos del cariño,
y en la que no quepan nunca
ni opresores ni oprimidos.
Álvaro Ortiz
Publicado en La Revista Socialista (Madrid, 1 de mayo de 1906).

¿Presunto monstruo o vecino ejemplar? La peligrosa hipocresía frente al asesinato machista /Jota.E/

  Nota de archivo histórico (2015–2026): Este artículo fue escrito en el verano de 2015, en una época en la que los telediarios aún medían ...