martes, 22 de febrero de 2011

Efecto Dominó, caída de los dominantes. Jota Esquivias 2011




En la cabecera de mi blog brilla una frase de Máximo Gorki que siempre me ha acompañado: "Han llegado los días de venganza; habéis humillado al pueblo, soportad las consecuencias".
Hoy vemos cómo pueblos humillados y hartos de soportar abusos salen a la calle a exigir la libertad que les vetan dictadores, caciques y reyezuelos que llevan décadas oprimiéndolos. Hablamos de países teóricamente ricos en recursos donde el pueblo llano no tiene nada: su sistema sanitario es precario —por no decir penoso—, apenas hay educación y sufren un sistema penal que Europa erradicó en la Edad Media. Son jóvenes árabes que se han visto obligados a emigrar y que ahora exigen libertad de expresión, cultura y aprendizaje para sus países de origen. Solo piden poder elegir a sus gobernantes sin dinastías vinculantes. Están hartos de vivir en la oscuridad, con un muro entre ellos y la libertad.
En Libia, el régimen de Gadafi ha sacado todo su arsenal de francotiradores y mercenarios para masacrar a los ciudadanos. Un pueblo que clama y muere por la libertad que merece, como cualquier otra nación de la Tierra. Y aunque los medios de comunicación comprados culpen de la revuelta a un complot extranjero, el caos ruge en las calles y los ciudadanos libios ya no se creen la sarta de mentiras de sus opresores.
En Marruecos, los jóvenes reclaman reformas y exigen una monarquía parlamentaria, cansados de que el Rey sea la máxima autoridad civil y religiosa. En Yemen, miles de estudiantes en la Universidad de Saná piden la dimisión del presidente Alí Abdalá Salé y mayores reformas democráticas, a pesar de que la policía los dispersa con fuego y gases lacrimógenos. En Irán, decenas de opositores también desafían al régimen en las calles, incluida la hija del expresidente Rafsanyaní. En resumen, todos piden lo mismo: nuevas constituciones, la disolución de los gobiernos y el fin de la corrupción.
Y ante esto, me pregunto: esta España nuestra, que presume de tener más sangre y huella árabe en su lengua y costumbres que ningún otro país europeo tras ochocientos años de historia... ¿por qué no sale a la calle? ¿Por qué no protestamos y exigimos dimisiones ante la corrupción que diariamente inunda los medios? ¿Por qué no nos movilizamos por el empleo, cuando somos más de cuatro millones en el paro? ¿Por qué no pedimos mejoras en la educación en lugar de los recortes que soportan nuestros estudiantes? Es intolerable el fallo de unas leyes que dejan libres a violadores y pederastas, o un sistema que llega tarde cuando ya han asesinado a mujeres (ya van once en lo que va de año), como vimos en los dolorosos casos de Marta del Castillo o Mari Luz.
Basta de pasarse la pelota entre el gobierno y la oposición.
Mientras España se ahoga en el paro, la subida de precios, la gasolina por las nubes y el cierre de comercios (¡y ahora hasta cierran los bares por prohibir fumar dentro!), los partidos políticos tradicionales solo recorren el país poniéndose verdes los unos a los otros. Las rosas y las gaviotas no tienen más meta que ganar las elecciones del próximo mes de mayo. La oposición hace su trabajo de achuchar para echar al que gobierna, y el gobierno deja pasar el tiempo y se va por la tangente, como si los españoles fuésemos tontos.
Creo que es hora de salir todos a la calle y recuperar una costumbre que nos dejaron los árabes: la de "quitarse la zapatilla". En nuestro caso, para quitarnos de encima al zapatero.








miércoles, 9 de febrero de 2011

Traiciones de alta esfera: maltrato psicológico, prostitución legal y la viga en el ojo político. Jota Esquivias 2011

Nota de Archivo Histórico (Febrero 2011)
Este artículo fue publicado originalmente a principios de 2011. Se presenta en su versión editada, conservando un alegato pionero y demoledor contra la violencia machista y la explotación de las mujeres. El texto parte de una cita de 1910 del pensador August Bebel para denunciar la persistencia del patriarcado, entrelazando la cruda realidad de los malos tratos con el debate político de aquel mes: el debate sobre la Ley de Partidos ante las nuevas marcas de la izquierda abertzale y la profunda hipocresía moral de las instituciones del Estado.

Estaba yo ayer en una de mis aficiones —tengo varias—; pues, como decía, en una de ellas: leer noticias de periódicos y revistas de otras épocas. Me topé con una frase que venía tras un artículo titulado ”Páginas Feministas” —muy propio, todo hay que decirlo—. El caso es que la frase de August Bebel dice así:
«La mujer es hoy, ante todo, para el hombre, un objeto de goce: subordinada desde el punto de vista económico, tiene que considerar el matrimonio como un seguro sobre la vida, y al depender del hombre, viene a ser una prenda de su propiedad».
Fechado en la revista Vida Socialista el 30 de enero de 1910. Cien años. Cien años en los que la mujer sigue siendo “el objeto de goce”; en los que, cuando ese “goce” no se satisface, el hombre puede asesinar impunemente al “objeto de su deseo” porque la ley nunca será tan dura con el agresor como lo es con la víctima. Diariamente hay víctimas de malos tratos de los que, políticamente correcto, es decir “víctimas de género”, pero ese género, lamentablemente, casi siempre es el femenino. Setenta y una mujeres perdieron la vida en 2010 a manos de sus parejas o exparejas, sin contar el número de desaparecidas o violadas.
El hombre sigue creyéndose con derecho a tener en propiedad la vida de otra persona; de nada vale la ley, la democracia ni el teléfono para las víctimas. Las leyes tienen que cambiar, así como la educación ciudadana, comenzando por las familias.
En estos días se habla mucho del nuevo partido de Batasuna; algunos se preocupan porque los miembros denominados “blancos” no son tales, y piensan como terroristas. ¿Cuántos de nuestros concejales, alcaldes y demás gobernantes son maltratadores? ¿Pensamos alguna vez en ello? ¿Quizás el estigma solo lo llevan los que son de Batasuna? ¿Todo el que se presenta a unas elecciones es tan “blanco” como nos hace creer? ¿O, por el contrario, tiene afición a muchas cosas despreciables, entre ellas, maltratar física o psíquicamente a su compañera?
Vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro. Muchas de esas mujeres siguen estando “subordinadas” a un marido con cierto poder para hacer y deshacer; muchas son traicionadas y, como consecuencia de ello, “contagiadas” de enfermedades que sus parejas contrajeron en otra parte. ¿Eso acaso no es otra forma de maltrato? ¿El que una mujer tenga que sufrir una enfermedad de transmisión sexual simplemente porque su pareja se fue de juerga?
Quizás se tendría que tener la misma lupa y el mismo miramiento judicial con todos los que se presentan en una lista electoral; utilizar los mismos recursos para todos y no solo para unos cuantos que supuestamente dejaron las armas por la palabra (que, al fin y al cabo, es lo que venimos pidiendo todo el mundo). Que jueces y gobernantes prediquen con el ejemplo y no tengan en sus filas a ninguna persona que en sus “ratos libres” se dedique a ir a casas de “dudosa reputación”. Porque de esos, y me consta, está lleno el sistema político estatal. Esto seguramente no viene en el documento de la Ley de Partidos: ser un “putero” no le debe de importar a jueces y magistrados, porque muchos de ellos están en el mismo saco.
Dejémonos de demagogias baratas, de sistemas corruptos y de estupideces palabreriles; centrémonos en los hechos. Y estos son que cada día es mayor el número de mujeres “subordinadas”, ya sea por matrimonio o por obligación; que cada día aumenta el número de víctimas por maltrato, pero no olvidemos que hay un número aún mayor que lo sufre psicológicamente, y que este último es más propio de las altas esferas que del “vulgo”.
Que la Ley de Partidos no permita en sus filas a ciertos personajes que, pillados in fraganti ( en muchas ocasiones, alardean de su poder sobre jovencitas esclavizadas que trabajan para pagarse su exigua manutención. Que se mire con lupa minuciosa a todos y cada uno de los miembros de partidos que se presentan para representar al pueblo. A estas mujeres nadie las representa: ni a las víctimas, ni a las que se quedan en casa a la espera de sus maridos, ni a las que son obligadas a “trabajar”, esclavizadas tan solo porque a muchos hombres se les olvidó la dignidad.

¿Presunto monstruo o vecino ejemplar? La peligrosa hipocresía frente al asesinato machista /Jota.E/

  Nota de archivo histórico (2015–2026): Este artículo fue escrito en el verano de 2015, en una época en la que los telediarios aún medían ...