Nota de Archivo Histórico (Enero 2011)
Este artículo fue publicado originalmente a comienzos de 2011, abriendo una nueva etapa en el archivo de este blog. El texto funciona como una radiografía del debate público de aquel enero, marcado por la proximidad del fin de la era Zapatero, la entrada en vigor de la prohibición de las corridas de toros en Cataluña y las intensas polémicas políticas en torno a la cooficialidad lingüística y los criterios de subvención en el cine español. Se presenta en su versión editada, conservando su vigencia como un alegato a favor de la pureza democrática y la participación ciudadana.
Comenzamos el año: para el Gobierno, siempre positivo; para el ciudadano, siempre negativo. ¿Nunca nos vamos a poner de acuerdo? ¿Qué pensaría el gobierno de ZP si ellos estuviesen en la oposición? ¿Saldrían a la calle como cuando salieron a protestar por el “Prestige” o por la guerra de Irak? ¿Qué hace que una guerra sea ilegal o legal? ¿Los muertos son menos muertos por ello? Quizás la pregunta es: ¿Qué estorba y qué le hace falta a esta democracia?Para deducir lo que estorba y lo que hace falta a la democracia es necesario tener en cuenta que esta es el gobierno del pueblo, ejercido con la intervención de todos los ciudadanos capacitados y el cumplimiento de la voluntad de la mayoría de los mismos.La intervención de todos los ciudadanos capacitados es absolutamente indispensable para practicarla; no vale quedarse en casita el domingo de elecciones porque no sabes a quién votar, porque piensas que todos los partidos son iguales o simplemente porque pasas del tema. Ni tampoco sirve protestar en los medios de comunicación si luego no ejerces tu derecho al voto para demostrar que no estás de acuerdo con lo que te imponen.Claramente, el Gobierno se tiene que hacer cargo de ciertos asuntos sin la intervención implícita del pueblo, pero no estaría de más que el mismo pueblo tuviese acceso a las Cortes para poder tener voz y palabra en los presupuestos generales o en leyes absurdas e impunemente impuestas (valga la redundancia).Luego llegan las protestas. Los sindicatos, hasta ahora alimentados por el Gobierno, apenas dicen una palabra de los más de cuatro millones de parados que hay en el país y, por supuesto, tampoco de las condiciones laborales a las que se ven sometidos aquellos que aún conservan sus empleos. Las pérdidas económicas derivadas de las decisiones arbitrarias del Gobierno le importan poco a estos sindicatos, al Defensor del Pueblo, a los jueces o magistrados y demás correveidiles sustentados desde el poder central.Y mientras, Pan y Toros, como en la época romana. Bueno, toros en todas partes menos en Cataluña, donde, como no quieren maltratar a los pobres animales, decidieron clausurar sus plazas. Cuando decidan que los pollos, corderos, vacas, cerdos, sardinas, anchoas, gambas y besugos también sufren y también mueren, la cosa se va a poner muy “chunga”. Y qué decir tiene que los vegetales, según estudios científicos, además de vida también tienen sentidos (ya os acordaréis de aquello de “nacen, crecen, se reproducen y mueren”). Así que no sé a dónde llegará la cosa cuando la asociación de “Salvar a las zanahorias” llegue hasta el Congreso para que se impida su ingesta masiva.Y luego los idiomas. Atrás quedó la ilusión humana de hacer una torre para llegar hasta Dios: Babel, cada uno por su lado, porque en teoría no se entienden unos con otros. No se entienden porque siempre hablan a voces y no se escuchan; porque el silencio, en ocasiones, es más elocuente que cualquier palabra, sea en el idioma o dialecto que sea.También está la “supuesta cultura”, y digo supuesta porque va sobrentendida dependiendo del color que sea el gobierno que la instruya. Así, de esta manera, películas como Volver de Almodóvar son algo muy cultural (“me he fumado un porro, ¡qué fuerte!”) y, en cambio, El pequeño ruiseñor es algo muy grotesco, pasado y que no tiene ningún tipo de precepto.Entonces, todos estos extremos afectan a lo más fundamental de la democracia. Mientras esta no se practique en su pureza, no ha de esperarse de ningún gobierno que proceda de conformidad con la voluntad del pueblo en su conjunto. Hace falta que los verdaderos demócratas —monárquicos, republicanos, "peperos" o socialistas— promuevan una idea para llegar a una común inteligencia. Pero eso, como decía mi abuela, “es harina de otro costal”.Lecturas recomendadas para entender nuestra realidad social:
- “El informe Lugano” – Susan George (2001)
- “Bienestar insuficiente, democracia incompleta” – Vicenç Navarro (2002)
«La democracia no es solo depositar un voto en la urna; democracia es elegir, pero para elegir hay que tener conciencia y criterios de pureza, no dogmas de partido»
— Julio Anguita

No hay comentarios:
Publicar un comentario