Hoy, entre las diversas noticias sobre conflictos, volcanes a punto de entrar en erupción, accidentes de tráfico y el Real Madrid —que al parecer anotó tres goles en Champions—, se ha colado una noticia que, cuando menos, resulta curiosa, pero tan verdadera como que las vacas no vuelan.A un bróker londinense llamado Alessio Rastani le ha dado por confesar. Y no es que el hombre sea muy pío, sino que ha declarado ante las cámaras de la BBC, para más señas, que la crisis es “una gran oportunidad y un sueño para quienes quieren ganar dinero”. En mi humilde opinión, no sé qué estudios hay que tener para ser corredor de bolsa, pero creo que a esa valoración llegamos los demás sin necesidad de que venga este tipo a dar la brasa sobre si hay recesión, alegrándose más que un niño la mañana de Navidad.Desde siempre ha habido carroñeros que se alimentan de despojos; personas que juegan bien sus cartas para nunca perder y enriquecerse a costa del hundimiento ajeno. Como él mismo asegura, una nueva recesión es el mejor momento para lograr beneficios. Del mismo modo, una epidemia es una oportunidad de oro para que las farmacéuticas y las funerarias hagan su agosto. Al igual que una Copa de Europa es una excelente ocasión para que las prostitutas se saquen sus buenos cuartos. El caso es que siempre hay un roto para un descosido. Este señor se va a la cama cada noche y, entre la consabida oración de las "cuatro esquinitas tiene mi cama", imagina cuatro recesiones que la acompañan, se toma su vaso de leche con galletas y se duerme feliz.Mientras tanto, el resto del mundo no concilia el sueño pensando en el porvenir de sus hijos, en el pago de las deudas o en el trabajo que perdieron. Incluso algunos se desvelan pensando por qué el Madrid va séptimo en la Liga, pero esos ya son otra clase de gentes. Además, el buen señor no augura un futuro alentador para el euro, pues según su erudita opinión: “El fondo de rescate no va a funcionar y el euro se va a estrellar, porque los mercados se rigen ahora por el miedo”. Total, que todo se viene abajo: el euro, los satélites... una pena de mundo.
Ante tales acontecimientos, mi mente ha rescatado la trama de una película:
Trading Places (titulada aquí Entre pillos anda el juego), dirigida por John Landis y protagonizada por Dan Aykroyd, Eddie Murphy y Jamie Lee Curtis, entre otros. En ella, dos hombres de negocios, Randolph y Mortimer Duke, mantienen una discusión sobre si la pobreza o la riqueza de una persona se debe a su origen social o a la genética. Como no se ponen de acuerdo, deciden hacer una apuesta de un dólar empobreciendo a un hombre rico y otorgándole el mando y los beneficios a un hombre pobre. Como víctimas de esta apuesta eligen a su accionista principal, Louis Winthorpe, un joven licenciado de Harvard con un excelente pasado económico, exitoso y con una novia de la alta sociedad. El pobre es elegido por casualidad cuando, a la salida del trabajo, se tropiezan con un vagabundo: Billy Ray Valentine.


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