Nota de Archivo Histórico revisado en 2026
Este artículo fue publicado originalmente en octubre de 2010. Se presenta en su versión corregida y editada, manteniendo el análisis social de su época. El texto hace referencia a dinámicas previas al auge actual de las redes sociales y a la crisis del "ladrillazo" inmobiliario en España, conservando su valor como crónica y reflexión de ese contexto histórico específico.
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| El delito es la protesta del instinto contra la ley Cesare Lombroso |
Algunos investigadores han demostrado que los usos y costumbres, los antiguos estados del alma, las creencias y las viejas pasiones de los seres primitivos, en vez de desaparecer con el progreso de los tiempos y de la civilización —como generalmente se podría admitir—, han llegado intactos hasta nuestros días.
Ya en el siglo XIX, el médico y criminólogo Cesare Lombroso aseguró que estos instintos del hombre primitivo sobrevivían en los llamados «delincuentes natos». Y no iba desencaminado, con la pequeña salvedad de que, lamentablemente, no todos ellos están en las prisiones. Al contrario, alineados a izquierda y derecha en el torbellino de la vida social, consiguen adquirir altas posiciones como gobernantes, directores de banco, millonarios, deportistas, papas, héroes, explotadores o criminales.
—Hago un paréntesis aquí para tomar aliento—.
No se debe afirmar, por tanto, que estos usos y costumbres se concentraron solamente en la clase de los degenerados natos. Hay también otras capas sociales. El pueblo actual, criado en el cieno de la ignorancia y de la doctrina televisiva, embrutecido por la vida y cautivo de un trabajo mal pagado y peor agradecido, es a menudo inconsciente de sus derechos y deberes. En ocasiones, se encuentra organizado por sindicatos que solamente sirven para mirarse el propio ombligo.
A este pueblo, al que en muchísimas ocasiones y gracias a los medios de comunicación se le trata de ignorante y analfabeto, lo llevan encadenado los modernos negreros, que son sus patronos o las marcas de moda de este año. El pueblo, repito, mantiene con mucha frecuencia los usos, costumbres y creencias del hombre primitivo. Los políticos y las cadenas de televisión son sus nuevos hechiceros. Creen en la magia, en los sueños, en los espectros y en los milagros. Cuando se cruzan con alguien famoso se repeinan y se estiran la ropa, aunque el susodicho sea un microcéfalo, un tirano o un analfabeto encumbrado por la televisión. Así hacían antaño los esclavos cuando pasaba su rey ficticio.
Y no hay que pensar que la alta sociedad se libra de esta plaga. La mayoría de ellos son nuevos ricos gracias a desfalcos, "ladrillazos" inmobiliarios y artimañas varias. La alta sociedad, repito, no estudia, no trabaja y se vuelve cada día más estúpida de lo que ya era. En el fondo, ellos también son analfabetos, idénticos a los vasallos que aplauden a su señor cuando llega su cumpleaños y este, en un ataque de falsa generosidad, les reparte un pedazo de tarta con sus propias manos.
Esta comprobación de los investigadores explica muchos actos que a primera vista parecen absurdos. Aunque ciertamente, aún existe otra fuerza formada por grandes pensamientos de belleza, de justicia y de solidaridad... Pero ¿Cómo pretendéis hacer comprender a un pueblo hipnotizado la magnificencia del color del mar embravecido?

tatiiiiiiiii
ResponderEliminaroleeeeeeeeee!!!! mi tata me a leioooooo muackkkkkkk!!!
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