domingo, 30 de enero de 2011

Abuelos trabajando y nietos "cieneuristas": la farsa de la reforma de las pensiones. Jota Esquivias. 2011

 Nota de Archivo Histórico (2011)

Este artículo fue publicado originalmente en 2011. Se presenta en su versión editada, conservando la viva indignación de un momento clave en el que se aprobó por real decreto el retraso de la edad de jubilación en España. El texto entrelaza con mordacidad el debate sobre las pensiones, el paro endémico de la época, el recuerdo del estado de alarma con los controladores aéreos y una lúcida reflexión sobre la deriva ideológica de la política institucional.

Si a Felipe González o a José María Aznar se les ocurre decir que no se jubilen los trabajadores hasta los sesenta y siete años, no sé qué hubiese pasado con la cantidad de paros y manifestaciones: los sindicatos dando la brasa, los estudiantes en la calle y el personal con huelgas de todo tipo, menos a la japonesa (que esa en España no nos va mucho).
Total, que como ha sido “Bambi” quien lo ha decidido, pues todo el mundo tan contento, oiga. Que es un señor L'Oreal, porque él lo vale. ¿Qué no hay trabajo? ¿Y a él qué? Su idea brillante (como el arroz, que no se pasa) era que uno no se jubile hasta los 67 y lo ha conseguido con consenso y "con-seso" de todos los grupos políticos que, con tal de que a ellos no les toquen el sueldo, “con-sensan” cualquier cosa. Los que agachan la cabeza a la voz de su amo piensan: «¿Que Francia casi sale ardiendo porque en vez de a los 63 quieren que se jubilen a los 65? Pues a mí plim, ahora yo les meto dos años más y a callar».
Nadie protesta ni sale a la calle. Ya no nos importa el Prestige, ni la guerra en Irak, o la de Irán y no volverán... o donde quiera que sea que estén nuestros soldados. Volverán con 67 años y no podrán ni con una pistola de agua. ¿Andan los controladores aéreos con cataratas? ¿Creen que podrán controlar a los pilotos, que a lo mejor se piensan que están echando batallitas? Policías, bomberos, cirujanos, poceros, limpiadores… no se mi ocurre un solo trabajo en el que a los sesenta y cinco años no sea ya tiempo suficiente para dejarlo y “jubilarte”; o sea, alegrarte, disfrutar y esas cosas, que a esas edades no es plan de andar haciendo el panoli.
¿Será que quiere ahorrarse pensiones pensando en que se muera la gente antes de la jubilación? Eso, sumado a que se puede fumar en las residencias de ancianos (donde poner en riesgo la salud de alguien debe importar un pimiento de Padrón), pues a la chita callando me salen unos euritos de ahorro. Un poquito de aquí, un poquito de allá y se nos acaba la crisis.
Y mientras nuestros abuelos trabajan sin descanso, nuestros nietos están sin trabajo ni posibilidad de tenerlo; y ya no de "mileuristas" como dicen, sino de "cien-euristas", que no hay nada. Somos cerca de cinco millones de parados (o más, porque hay gente que ni siquiera se apunta porque no saca nada), y el tipo este sigue sin enterarse. Encima hay gente que le defiende a capa y espada.
¿Qué diferencia hay entre estos políticos y los que llevaron a España a la guerra en 1933? Pues básicamente que España entonces no era miembro de nada y estaba más sola que la una: ni OTAN, ni UE ni gaitas. Y para más INRI, el señor “Pepín” (que hasta los 67 que se jubile no va a ser José) defiende a su jefe diciendo que es el “mejor socialista que ha conocido”. De lo que se deduce que el señor “Pepín” toda su vida ha estado con toda clase de políticos menos socialistas, porque si este señor que tenemos por presidente es el mejor socialista, ¿Cómo será el peor? ¿Tal vez algún alemán del año 40? No acierto a comprenderlo, la verdad.
Por mi parte, los mejores socialistas por la historia conocidos decían cosas como esta:
  • «Innecesarios son muchos cargos militares, eclesiásticos y civiles». (Qué razón tenía el hombre).
  • «Quienes deseen que nuestro país ocupe un puesto entre los pueblos progresivos y se vea libre de ciertas humillaciones, no deben contribuir en poco ni en mucho a que el elemento armado predomine en él». (Es cosa de preguntarle a don “Pepín” si el ejército que mantuvo a los controladores a raya durante más de un mes estaba armado o no).
  • «La esclavitud pareció en ciertas épocas indispensable para la buena marcha de la sociedad, como parece hoy la explotación del obrero. No es juicioso creer en la eternidad de los sistemas, ni en la inmovilidad de las olas».
Ahí queda eso, para el que lo quiera entender…

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