domingo, 3 de abril de 2011

El día que Zapatero tiró la toalla y nos dejó el 22M Jota Esquivias 2011

Comienza la cuenta atrás hasta el 22 de mayo. Llevamos meses en los que, al parecer, España entera pide por activa y por pasiva un cambio en el gobierno de nuestros pueblos y comunidades. Nos esperan semanas de encender los informativos y no ver más que a los candidatos de todos los partidos haciendo esto y aquello. Y, por supuesto, lanzándose improperios, insultos y mentiras varias los unos a los otros, para vergüenza ajena de todos los españoles.
Como dice la canción, “esta España mía, esta España nuestra”... o "muerta", como cuentan que decía la letra original censurada. Es la España que tenemos y merecemos, porque nosotros mismos la votamos.
Llegada a esta conclusión, me da miedo y sospecho, no sin razón, de que se están mofando de mí, de mi familia, de mis antepasados y de mis futuros descendientes. Lamentablemente en este país, donde todo es chiste, verbena y vino, los profesionales llamados “periodistas” distan mucho de lo que fueron antaño; sacan noticias en televisión, prensa y radio que en realidad no le interesan a nadie, pero que, al salir en los medios, adquieren una falsa importancia.
Hoy esos mismos medios nos despiertan con la noticia de que el actual presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, no se presentará a otra legislatura. El PSOE convocará elecciones primarias después del denominado 22M, ese 22 de mayo donde se verá cuán harto está el pueblo de aguantar engaños, recortes, despidos, subidas de impuestos y prohibiciones absurdas.
Y ahora empieza otra lucha por un poder que se queda hueco. ¿Buscarán acaso a personas con estudios universitarios consecuentes con el cargo a ocupar? ¿O tal vez, por el contrario, con unos estudios básicos pero con gran experiencia en los pasillos de la nación? ¿Cómo serán aquellos que se crean con derecho propio a representar a los españoles y a dirigir nuestro maravilloso país?
Sospecho que lo que busca la mayoría no es más que un espectáculo bochornoso, dimes y diretes, y el comportamiento propio de contertulios en programas del corazón. A la postre, tan solo serán individuos que únicamente pretenden de nosotros una papeleta para poder seguir con sus vidas regaladas, su estatus social alto y así encadenar cuatro, ocho, doce o dieciséis años en legislaturas vergonzosas.
Son candidatos que se pierden en los laureles ante los logros conseguidos, pero que echan las culpas a los demás ante los fracasos. Aspirantes que diariamente echan por tierra el trabajo de miles de profesionales de la función pública y del sector privado, derrochando el tiempo en explicar una y otra vez las mismas simplezas de siempre; desaprovechando la oportunidad que tienen para proponer nuevas ideas o innovaciones. En definitiva, para crear en lugar de destruir.
Son pretendientes de un poder que no se propone solucionar los problemas graves que azotan nuestro país. Por citar solo unos ejemplos:
  • Mujeres maltratadas, algunas lamentablemente asesinadas, en familias rotas por este fenómeno repulsivo.
  • Padres desesperados porque sus hijas están inseguras y no tienen el derecho fundamental a la libertad.
  • Cientos de ciudadanos que cada día ven con pesimismo que no tienen dinero suficiente para alimentar a sus hijos ni la manera de trabajar para conseguírselo.
  • Trabajadores que, llegados a los 65 años, ven con estupor que tienen que bregar dos años más para poder disfrutar de su ganada jubilación, contando con 25 años de vida laboral como mínimo, para al final contentarse con una pensión congelada.
  • Miles de españoles que no pueden ir de vacaciones porque el dinero destinado a ellas va a parar a las arcas de Hacienda ante la ignominiosa subida de impuestos.
En definitiva, ¿cómo ha de ser el elegido para la tarea de sacar a España del pozo donde el actual jefe de gobierno la ha metido?
Tristemente, sea como sea, ese elegido nunca se parará a pensar que es una persona privilegiada. No sabe lo que es luchar día a día para pagar una hipoteca, alimentar y vestir a una familia, patearse polígonos industriales pidiendo un trabajo que no existe o buscar entre los restos de los supermercados antes de que pase el camión de la basura. Tampoco sabe lo que es tener que negar a unos hijos ansiosos por aprender una excursión, un libro o un juguete porque la economía familiar no lo permite.
Aunque, eso sí, ellos siempre nos exigirán la única herramienta con la que podemos luchar: introducir una papeleta con su nombre en las futuras elecciones. De nosotros depende.

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