lunes, 15 de noviembre de 2010

Epístolas á un obrero republicano II A. Martín Callobre 1906

Charles C. Ebbets.1932
                                      II
Principio doy a esta misiva mía,
de lógica trivial y pobre estilo,
procurando anudar el roto hilo
de la que te escribí en cercano día.

Del ideal político que ostentas
pretendí en mi anterior, no disuadirte
por prevención hacia él, sí persuadirte
de que esperanzas vanas alimentas.

Si crees que puede hallar el desgraciado
pueblo trabajador, que hoy encadena
el régimen burgués, para su pena
alivio, o redención para su estado,
en forma de gobierno que en pie deja,
y su injusto derecho reconoce,
la apropiación individual que el goce
de la sufriente humanidad aleja.

Del obrero avisado el propio puesto
no son las filas de burgués partido;
¡son las del que por verle redimido
a la lucha sin tregua está dispuesto!
Son las del que organiza las legiones
que con la vista fija en el mañana
limando van de la cadena humana
los seculares mohosos eslabones.

En ese me hallo yo, como tú sabes,
y en él está tu puesto ¡oh compañero!
Ven al... [............................]*
que de un hermoso porvenir las llaves
sus lemas son, y las doradas puertas
que el ideal columbra en lontananza,
a medida que aumenta su pujanza
se acerca el día ya de ser abiertas.

En él espero yo que comprendiendo
los intereses de tu clase, ingreses,
y sin ser ya comparsa de burgueses
estés a nuestro lado combatiendo.

A Martín Callobre
Salamanca, 17 de abril de 1906.
Publicada en la Revista Socialista el 1 de mayo de 1906.
(Nota del editor: El espacio entre corchetes corresponde a una palabra ilegible o censurada en el archivo original de la revista).   

Epístolas á un obrero republicano I A. Martín Callobre -1906


I
Tu entusiasmo conozco: sé que pones
tu fe en el ideal republicano,
guiado de inocentes inducciones.
Anhelas ver que todo ciudadano
libre sea de un polo al otro polo
e igual ante la ley el ser humano.
¡Noble empeño en verdad! Pero el más bolo
advierte que no es fácil realizarlo,
verlo en nuestra república, pues solo
cuando la explotación haya cesado
del hombre por su igual, podrá ¡Victoria!
gritar el pueblo entonces libertado.
Y fin poniendo a la infamante historia
del régimen burgués, la nueva era
registrará para eterna memoria.
Mientras subsista el régimen que impera
de inicua explotación, con Monarquía
o República, el pueblo dondequiera
no logrará la redención que ansía.
Y si quisieres de esto convencerte,
mira donde hay Repúblicas hoy día
del pueblo productor la fausta suerte.
Verás que es la igualdad tan decantada
un mito, y la ley rige del más fuerte.
¿Tiene para vivir asegurada
la pitanza la clase desvalida
donde está la República instaurada?
¿No? Pues entonces di a qué reducida
tan gran libertad queda, y los derechos
del hombre pregonados sin medida.
En el cambio de régimen, provechos
encontrará, sin duda, el poderoso;
mas no debe el obrero tan a pecho
tomar un ideal que tan hermoso
parece a quien no estudia los problemas
del estado presente tan odioso.
Desdeñando políticas pamemas
de señores que el propio encubrimiento
buscan en geopolíticos sistemas,
obrero, tu concurso y ardimiento
debes solo prestar a tus hermanos
cooperando al común mejoramiento.
Y en otros ideales más humanos
puedes desenvolver tus energías,
sin que resulten tus esfuerzos vanos,
luchando contra odiosas tiranías
propias de tiempos que el ideal velaban
de ignorancia las nubes más sombrías.
Con República a secas no se acaban
miserias, privilegios, injusticias
que de dolor profundas huellas graban
en el alma del pueblo, a quien servicias
de los soberbios que el poder ostentan
le hacen pensar en trágicas justicias.
No los desposeídos se sustentan
solo con unas cuantas libertades
que en su vivir bien poco representan.
Y si alguno quizás por necedades
toma mis argumentos, yo le digo
que es más necio quien no ve las verdades
que apuntan mis palabras, y es testigo
ciego e inconsciente de cuanto hoy sucede
en el estado actual, que yo maldigo.
Hoy no te digo más. Otra vez puede
que a insistir vuelva sobre el mismo asunto.
Hablarte así a mi convicción procede.
Salud, y la social. Y aquí hago punto.
A. Martín Callobre
Salamanca, 17 de abril de 1906.
Publicada en La Revista Socialista (Madrid, 1 de mayo de 1906).

domingo, 14 de noviembre de 2010

Vocaciones de un niño Álvaro Ortiz -1906



El profesor del colegio
se dirigió a los discípulos
que estaban bajo su férula,
y con dulzura les dijo:
—Tened a bien indicarme
vuestra vocación, hijitos.
¿Qué queréis ser cuando el tiempo
madure ya vuestro juicio?
—Yo papa. —Yo rey. —Yo príncipe.
—Yo general. —Yo arzobispo.
—Yo un Creso. —Yo presidente
del Consejo de Ministros...
De sus miradas ambiciosas
dando relevantes signos,
así fueron, uno a uno,
contestando los chiquillos.
Todos no, pues uno había
taciturno y pensativo
que no despegó los labios
ni se dio por entendido.
El profesor, observándole,
le preguntó con cariño:
—Y tú, ¿no ambicionas nada?
—Mucho —replicó el chico—.
Ambiciono más que todos
esos compañeros míos
que han demostrado codicia
de grandeza y de títulos.
Quiero ser, como mi padre,
defensor firme y activo
de una sociedad más justa
que la injusta en que vivimos;
de una sociedad libérrima
que se base en el principio
de que económicamente
todos seamos lo mismo;
de una sociedad ligada
por los lazos del cariño,
y en la que no quepan nunca
ni opresores ni oprimidos.
Álvaro Ortiz
Publicado en La Revista Socialista (Madrid, 1 de mayo de 1906).

Las vagas sombras de la estepa B. Luna _ 1906


  
  Es de noche... la luz blanca
de la luna macilenta
se refleja en los cristales
de la nieve, que recubre las estepas
como sábana de armiño,
como alfombra de jazmines y azucenas.
Es de noche... en la llanura
pasan las negras siluetas
de los tristes vagabundos,
de los hijos del silencio, de los hijos de las penas;
las famélicas legiones
derrotadas de la vida en la pelea...
Los sin patria, los que lloran,
los mendigos y los parias, los ilotas y rameras...
Tus amigos... los que huyen
alumbrados por la luna que rïela
sus polícromos reflejos
en el hielo que se extiende por la estepa.
Ellos son los que en las grutas
o en el campo, recostados en la hierba;
en las playas y en tugurios
se retuercen como perros y hacen vida como bestias.
Ellos son los que reciben en las pálidas mejillas
el soplido de los vientos que flagelan...
el rigor de las escarchas
y la nieve que se esparce como lluvia de azucenas.
Ellos quienes las mazmorras
con sus cuerpos demacrados en las cárceles repueblan.
Los que tienen en sus hombros
las señales de los látigos, sangrientas,
como estigma del esclavo,
como cruz amoratada con que adornan la miseria...
El mendigo, el vagabundo...
los ex hombres de la tierra,
las piltrafas de la Rusia,
sus malditas excrecencias,
las eternas vagas sombras
de la lucha y la protesta.
Muchos ríen, y en sus rostros
la ironía se revela,
el sarcasmo del que sufre...
Las sublimes maldiciones del que sufre y nada espera...,
contracción, más que sonrisa,
que se finge en el semblante, con temblores de una mueca...
Ellos son las vagas sombras
de mendigos y de parias que se esfuman por la estepa,
alumbrados por los rayos
de la luna macilenta...
B. Luna
Campillos. Publicado originalmente bajo el título "A Gorki" en La Revista Socialista (Madrid, 1 de mayo de 1906).

La Canción Germinal B. Luna- 1906

Lawence-1912-Pan y Rosas
No nos llama a la pelea la trompeta del guerrero
ni es la patria que ambiciosa nos ordena pelear;
es la guerra que promueve contra el rico el pordiosero
para el hombre aprisionado las cadenas quebrantar...
Ya no hay reyes, ni tiranos, ni atalayas, ni castillos;
ya no hay jefes que nos manden con las armas combatir.
Somos todos los soldados, somos todos los caudillos
que luchamos en el campo y en la calle hasta morir. 
Derrumbar el privilegio insultante que degrada
y erigir un áureo trono donde reine la igualdad,
es la enseña de los pueblos, porque en ella va grabada
de los siervos, de los parias la sagrada libertad.
Esa lucha que se acerca no es la guerra maldecida
que forjara esclavizando de los reyes la ambición;
es la guerra de las clases por el genio precedida
y que os lleva, ¡proletarios!, la anhelada redención... 
Y por eso se levantan sobre el mundo las legiones...
los ejércitos del hambre con mortífero rugir,
que al sonar los fusiles, que al sonar los cañones
caen al suelo proclamando su derecho de vivir.
Las tinieblas se disipan, las cadenas se quebrantan
al caer entre rutinas el postrer usurpador,
y al nacer la nueva era nuevos pueblos se levantan
al reflejo sonrosado de la aurora del amor. 

Y al caerse derrumbada la pared del edificio
que cobija en sus dinteles al absurdo capital
surgirá de los escombros del antiguo precipicio
a la luz de las antorchas la canción de Germinal.
B. Luna
Campillos. Publicado en La Revista Socialista (Madrid, 1 de abril de 1906).

¿Presunto monstruo o vecino ejemplar? La peligrosa hipocresía frente al asesinato machista /Jota.E/

  Nota de archivo histórico (2015–2026): Este artículo fue escrito en el verano de 2015, en una época en la que los telediarios aún medían ...