sábado, 30 de abril de 2011

De Pablo Iglesias a Zapatero: El Primero de Mayo y los ídolos caídos Jota Esquivias 2011

 

Madrid 1 de mayo de 1911

Desde su establecimiento en la mayoría de los países por acuerdo del Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional (celebrado en París en 1889), el Primero de Mayo es una jornada de lucha reivindicativa y de homenaje a los “mártires de Chicago”. Hablamos de aquellos trabajadores sindicalistas que fueron ejecutados en Estados Unidos por participar en las jornadas de lucha por la jornada laboral de ocho horas, una movilización que tuvo su origen en la huelga iniciada el 1 de mayo de 1886 y su punto álgido tres días más tarde, el 4 de mayo, en la Revuelta de Haymarket. En la actualidad, es una fiesta reivindicativa de los derechos de los trabajadores en sentido general que se celebra en gran parte del globo.
Sin embargo, llama la atención que en Estados Unidos no se celebre esta conmemoración. En su lugar festejan el Labor Day el primer lunes de septiembre, una tradición que se remonta a 1882. El entonces presidente Grover Cleveland auspició la celebración en septiembre por temor a que la fecha de mayo reforzase el movimiento socialista en el país. Ya en aquel entonces se barruntaba que los gobiernos socialistas, como el que sufrimos hoy con Zapatero, darían al traste con cualquier nación, subiendo la tasa de desempleo hasta los límites de los cinco millones de parados, como es nuestro caso.
La pregunta obligada es: ¿Quién saldrá a la calle este uno de mayo? ¿Aquellos trabajadores que aún conservan su empleo pero ven recortado su sueldo y aumentada su edad de jubilación, o aquellos otros que cada día engrosan las listas del paro? Resulta paradójico celebrar este día precisamente cuando más desempleados y descontento social acumula nuestra nación.
Hace algunos años, la Fiesta del Trabajo era sinónimo de inquietud social. Las palabras "socialismo", "huelguistas" o "1º de mayo" parecían augurar exterminio, desolación y crueldad. Desde los púlpitos, la burguesía y los clubes aristocráticos se propagaba un escalofrío de terror. Lo mismo ocurría en las gacetillas de los diarios gubernamentales, en los Gobiernos Civiles y en los acuartelamientos de las tropas. Incluso la religión —que, a mi parecer, ni pincha ni corta en estas cuestiones— gritaba con voz de falsete. Más vale que se aplicaran aquello de “a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César”. Con ese terror se intentaba abrir camino al odio, inculcando a los cobardes, a los ignorantes y a los inconscientes el convencimiento de que había que defenderse contra un enemigo común y terrible.
Poco a poco, el ambiente de las ideas se ha renovado. Sin embargo, hoy vemos otra paradoja: los que antes medían ahora retienen; los que demandaban mejoras laborales ahora cierran fábricas y despiden obreros; los que clamaban por un sueldo digno aplican recortes, y los que luchaban por una jubilación temprana imponen trabajar muchos más años. Lo cierto es que la vida enseña que no es preciso derribar a los ídolos, porque se desmoronan ellos mismos. Ahora la clase media podrá comprender, al fin, su verdadera fuerza; aquel instinto de conservación que antes unía a unos, puede que ahora nos una a los otros, elevándonos cuando hemos tenido que descender tanto.
Ojalá el primero de mayo sea una fecha más en la historia de las victorias de la humanidad, como decía el socialista histórico Pablo Iglesias Posse, quien poco o nada tiene que ver con los actuales dirigentes del partido que este sea un año más, en el que se alejen las edades en que el hombre vivió proclamándose el ser más perfecto y rey de la creación (como Zapatero, que padece un complejo de Adán terrible). Que este Primero de Mayo funcione como un lazo más que prenda nuevas purezas a la pureza de los ideales humanos.









martes, 12 de abril de 2011

Nocturno ;Julio Aurelio Martínez 1910




El cafetín se halla envuelto
en confusa niebla;
vese un rayo rojizo que sale
de entre la caldera.
Y un fornido mozo
en pie, junto á ella,
con delantal sucio,
y teniendo al aire sus brazos de atleta,
arroja al aceite
la masa ya hecha.
Y por el local dispersos
y sentados en mesas,
gritan y charlan y ríen
gentes de pícara cepa.
Alli pobres harapientos,
junto á chicos que venden la prensa,
se dicen sus alegrías
y confían otros sus míseras penas.
Más allá dos viejecitas,
en voz baja secretean.
Y oprimen todos entre sus manos
un vaso tosco que humea,
que de vez en vez, con ansia,
á la boca llevan.
Gentes miserables
y en el fondo buenas;
seres infelices
en quienes el hambre, con saña, se ceba.
Luego, de repente,
vese abrir la puerta.
Y dos figuras avanzan
y, una vez dentro se sientan.
Ella es una mujer joven,
de cara morena.
Y viene muy adornada
con rutilantes peinetas,
y un mantón escocés cubre su cuerpo:
es una ramera.
El es un tipo achulado,
de faz canallesca.
Trae como abrigo un pañuelo. Y se toca
con una gorra de seda;
y una onda cae por su frente.
Es el "chulo" de ella.
Muy cercanos la una del otro
amantes se miran y quedos conversan.
Mas viene un momento
en que, pronto, las tornas se truecan,
y lo que fué dulce paz,
ahora se convierte en guerra.
El la recrimina;
y de entre sus labios sale una blasfemia,
Ella, mansamente,
le suplica, le implora, le ruega.
Mujer desgraciada,
á quién el destino constituyó en sierva.
De pronto, la mano del macho,
canalla y perversa,
cruza el rostro de la infortunada
con brutal fiereza.
Mas ella lo sufre
sin que de su boca se escape una queja.
Sólo al pensar su desdicha
rompe á llorar con tristeza.
Y, anegada en lágrimas,
cae de bruces, afligida, en el mármol de la mesa.
Julio Aurelio Martínez
(Publicado en la revista "Vida Socialista" el 20 de febrero de 1910).

domingo, 3 de abril de 2011

El día que Zapatero tiró la toalla y nos dejó el 22M Jota Esquivias 2011

Comienza la cuenta atrás hasta el 22 de mayo. Llevamos meses en los que, al parecer, España entera pide por activa y por pasiva un cambio en el gobierno de nuestros pueblos y comunidades. Nos esperan semanas de encender los informativos y no ver más que a los candidatos de todos los partidos haciendo esto y aquello. Y, por supuesto, lanzándose improperios, insultos y mentiras varias los unos a los otros, para vergüenza ajena de todos los españoles.
Como dice la canción, “esta España mía, esta España nuestra”... o "muerta", como cuentan que decía la letra original censurada. Es la España que tenemos y merecemos, porque nosotros mismos la votamos.
Llegada a esta conclusión, me da miedo y sospecho, no sin razón, de que se están mofando de mí, de mi familia, de mis antepasados y de mis futuros descendientes. Lamentablemente en este país, donde todo es chiste, verbena y vino, los profesionales llamados “periodistas” distan mucho de lo que fueron antaño; sacan noticias en televisión, prensa y radio que en realidad no le interesan a nadie, pero que, al salir en los medios, adquieren una falsa importancia.
Hoy esos mismos medios nos despiertan con la noticia de que el actual presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, no se presentará a otra legislatura. El PSOE convocará elecciones primarias después del denominado 22M, ese 22 de mayo donde se verá cuán harto está el pueblo de aguantar engaños, recortes, despidos, subidas de impuestos y prohibiciones absurdas.
Y ahora empieza otra lucha por un poder que se queda hueco. ¿Buscarán acaso a personas con estudios universitarios consecuentes con el cargo a ocupar? ¿O tal vez, por el contrario, con unos estudios básicos pero con gran experiencia en los pasillos de la nación? ¿Cómo serán aquellos que se crean con derecho propio a representar a los españoles y a dirigir nuestro maravilloso país?
Sospecho que lo que busca la mayoría no es más que un espectáculo bochornoso, dimes y diretes, y el comportamiento propio de contertulios en programas del corazón. A la postre, tan solo serán individuos que únicamente pretenden de nosotros una papeleta para poder seguir con sus vidas regaladas, su estatus social alto y así encadenar cuatro, ocho, doce o dieciséis años en legislaturas vergonzosas.
Son candidatos que se pierden en los laureles ante los logros conseguidos, pero que echan las culpas a los demás ante los fracasos. Aspirantes que diariamente echan por tierra el trabajo de miles de profesionales de la función pública y del sector privado, derrochando el tiempo en explicar una y otra vez las mismas simplezas de siempre; desaprovechando la oportunidad que tienen para proponer nuevas ideas o innovaciones. En definitiva, para crear en lugar de destruir.
Son pretendientes de un poder que no se propone solucionar los problemas graves que azotan nuestro país. Por citar solo unos ejemplos:
  • Mujeres maltratadas, algunas lamentablemente asesinadas, en familias rotas por este fenómeno repulsivo.
  • Padres desesperados porque sus hijas están inseguras y no tienen el derecho fundamental a la libertad.
  • Cientos de ciudadanos que cada día ven con pesimismo que no tienen dinero suficiente para alimentar a sus hijos ni la manera de trabajar para conseguírselo.
  • Trabajadores que, llegados a los 65 años, ven con estupor que tienen que bregar dos años más para poder disfrutar de su ganada jubilación, contando con 25 años de vida laboral como mínimo, para al final contentarse con una pensión congelada.
  • Miles de españoles que no pueden ir de vacaciones porque el dinero destinado a ellas va a parar a las arcas de Hacienda ante la ignominiosa subida de impuestos.
En definitiva, ¿cómo ha de ser el elegido para la tarea de sacar a España del pozo donde el actual jefe de gobierno la ha metido?
Tristemente, sea como sea, ese elegido nunca se parará a pensar que es una persona privilegiada. No sabe lo que es luchar día a día para pagar una hipoteca, alimentar y vestir a una familia, patearse polígonos industriales pidiendo un trabajo que no existe o buscar entre los restos de los supermercados antes de que pase el camión de la basura. Tampoco sabe lo que es tener que negar a unos hijos ansiosos por aprender una excursión, un libro o un juguete porque la economía familiar no lo permite.
Aunque, eso sí, ellos siempre nos exigirán la única herramienta con la que podemos luchar: introducir una papeleta con su nombre en las futuras elecciones. De nosotros depende.

jueves, 17 de marzo de 2011

Cuando la Tierra se sacude las pulgas: Las profecías y nuestra cómoda ceguera Jota Esquivias 2011

Desde el pasado año y acercándonos a la fecha donde el calendario maya, Malaquías, Nostradamus y hasta el mismísimo libro de las Revelaciones predicen el fin de la historia —o del mundo tal y como lo conocemos—, la humanidad espera un cataclismo mundial. El caso es que siempre esperamos algo, pero nunca nada bueno. Por eso, cuando ocurre una catástrofe natural tan tremenda como la de Japón, los rezos y los lamentos se sienten por dondequiera que estés.
Estas noticias son carnaza para periodistas, televisiones, visionarios y demás fauna a la que, lamentablemente, siempre acudimos para saber algo más. Desde nuestra cómoda posición en el hogar vemos con estupor y asombro las imágenes que nos invaden; buscamos en periódicos y emisoras de radio la última hora de ese desastre que tanto tememos. En Europa ya decidieron llamarlo “crisis apocalíptica”, y los defensores de esta frase, frente a sus detractores, tenían hoy otro tema de conversación para seguir ganando tiempo, ganando votos, ganando sueldo... y perdiendo el tiempo.
Mientras tanto, en el resto del mundo hay millones de personas desplazadas de sus hogares. En Haití, Chile o Japón por culpa de cataclismos naturales; en Egipto, Yemen o Libia debido a las manifestaciones, revueltas y guerrillas. Cada día miles de policías luchan contra el narcotráfico, el proxenetismo, la trata de blancas, el blanqueo de dinero, los malos tratos, las adopciones ilegales, los robos, los asesinatos y un largo etcétera de delitos, a cual más cruel y vejatorio.
Vivimos en un país donde la tasa de paro no deja de escalar. Nuestros jóvenes apenas estudian ni trabajan; muchos no hacen nada bueno porque sienten que no tienen opciones. Ya lo dice el refrán: "los chicos buenos van al cielo y los malos a todas partes". Como quieren ir a todas partes y tienen padres que se lo consienten, así nos va en educación, disciplina y control: ¡un cero zapatero! (Perdón, "patatero", que me equivoqué de oficio).
Nuestros mayores ven con estupor cómo les congelan la mísera paga que reciben después de haber trabajado más de cincuenta años, pues no olvidemos que muchos eran unos críos cuando empezaron. Y lo peor es que, si no sucede ese cataclismo que todos esperan, los desempleados de ahora tendrán que trabajar no solo hasta los 67 años, sino hasta cumplir con la tasa impuesta por el gobierno de 25 años de cotización (y seguidos, sin sábados, domingos ni fiestas de guardar).
Y claro, la vida sigue igual. Nos hacemos eco de todas estas calamidades, nos echamos las manos a la cabeza y le echamos la culpa al de al lado. Si las imágenes no nos gustan, cambiamos de canal (si la TDT funciona, que esa es otra). Lamentamos el hambre que pasan en Haití mientras pegamos un saltito para no tropezar con el mendigo tirado en la acera. Comentamos camino de la peluquería el horror que nos producen las noticias, pero pensando en la barbacoa del sábado, donde llevaremos esa ropa tan “deportiva” y “de marca” que nos compramos en Decathlon (no es propaganda, es una categoría olímpica).
Pasamos de largo sin pararnos a meditar si todo esto ocurre por profecías o porque, simplemente, la Tierra está harta de soportar a tantos parásitos y, cual perro viejo, se está sacudiendo las pulgas.







martes, 8 de marzo de 2011

8 de marzo; un día de gloria y 364 días bajando la tapa del Wáter Jota Esquivias 2011

Forges 1942/2018
Es curioso que en España tengamos una ministra de Igualdad que, a decir verdad, aún no sabemos para qué sirve, si no es para sumar otro sueldo con el que mermar las ya muy sufridas arcas nacionales. Resulta paradójico celebrar el Día de la Mujer pensando, acaso, que nosotras solo tenemos un día al año mientras que el hombre goza de los 364 restantes. En cualquier caso, tener un ministerio de Igualdad sigue sin salirnos a cuenta.
Estadísticamente, las mujeres somos las que más trabajamos dentro y fuera del hogar. Somos las que tenemos a los hijos, cuidamos a los enfermos, limpiamos la casa, hacemos la compra, vamos al banco y acudimos a las reuniones de madres (porque padres van cuatro). Somos las que vestimos, compramos y cuidamos del aseo personal de todos los miembros de la familia; paseamos al perro, sacamos la basura, arreglamos las plantas, zurcimos, cosemos, cocinamos y desatascamos las bañeras. Incluso bajamos la dichosa tapa del WC, una tarea que parece tan difícil y ardua para algunos individuos del sexo opuesto.
En definitiva, ejercemos de todo. Y a cambio, nos dan el 8 de marzo para que ministras, concejalas, alcaldesas y diputadas tengan su día glorioso haciendo el paripé en todos los medios de comunicación. Con esto de la crisis, este año en vez de flores seguro que regalan hojas de aloe vera: además de adornar, tiene multitud de propiedades (mismamente como algunos miembros del gobierno de cuyo nombre no quiero acordarme).
Los de la rosa saldrán a la búsqueda de algún micrófono que les conceda audiencia para explicar lo mucho y bueno que hacen en su ministerio (que igual daba que estuviese como que no). No sé si se acordarán de todas las mujeres fallecidas a manos de sus parejas, de las maltratadas, de las obligadas a ejercer la prostitución, de las acosadas dentro y fuera de sus trabajos, o de todas las que engrosan la ya muy inflada lista del paro. Por el contrario, los de la gaviota se toparán de bruces con esos mismos micrófonos para culpar al gobierno de todo lo anterior, terminando con el clásico pensamiento de "váyase, señor Zapatero" o algo parecido.
Y mientras tanto, en los hogares de este país, las mujeres se levantarán muy temprano, lavarán y peinarán a los niños, y prepararán las "tostás". El día 9 será más de lo mismo. Y así seguiremos, hasta que Dios crea necesario destruir al hombre y dejar que la mujer herede la Tierra. ( Ellie Sattaler, Parque Jurásico )

martes, 22 de febrero de 2011

Efecto Dominó, caída de los dominantes. Jota Esquivias 2011




En la cabecera de mi blog brilla una frase de Máximo Gorki que siempre me ha acompañado: "Han llegado los días de venganza; habéis humillado al pueblo, soportad las consecuencias".
Hoy vemos cómo pueblos humillados y hartos de soportar abusos salen a la calle a exigir la libertad que les vetan dictadores, caciques y reyezuelos que llevan décadas oprimiéndolos. Hablamos de países teóricamente ricos en recursos donde el pueblo llano no tiene nada: su sistema sanitario es precario —por no decir penoso—, apenas hay educación y sufren un sistema penal que Europa erradicó en la Edad Media. Son jóvenes árabes que se han visto obligados a emigrar y que ahora exigen libertad de expresión, cultura y aprendizaje para sus países de origen. Solo piden poder elegir a sus gobernantes sin dinastías vinculantes. Están hartos de vivir en la oscuridad, con un muro entre ellos y la libertad.
En Libia, el régimen de Gadafi ha sacado todo su arsenal de francotiradores y mercenarios para masacrar a los ciudadanos. Un pueblo que clama y muere por la libertad que merece, como cualquier otra nación de la Tierra. Y aunque los medios de comunicación comprados culpen de la revuelta a un complot extranjero, el caos ruge en las calles y los ciudadanos libios ya no se creen la sarta de mentiras de sus opresores.
En Marruecos, los jóvenes reclaman reformas y exigen una monarquía parlamentaria, cansados de que el Rey sea la máxima autoridad civil y religiosa. En Yemen, miles de estudiantes en la Universidad de Saná piden la dimisión del presidente Alí Abdalá Salé y mayores reformas democráticas, a pesar de que la policía los dispersa con fuego y gases lacrimógenos. En Irán, decenas de opositores también desafían al régimen en las calles, incluida la hija del expresidente Rafsanyaní. En resumen, todos piden lo mismo: nuevas constituciones, la disolución de los gobiernos y el fin de la corrupción.
Y ante esto, me pregunto: esta España nuestra, que presume de tener más sangre y huella árabe en su lengua y costumbres que ningún otro país europeo tras ochocientos años de historia... ¿por qué no sale a la calle? ¿Por qué no protestamos y exigimos dimisiones ante la corrupción que diariamente inunda los medios? ¿Por qué no nos movilizamos por el empleo, cuando somos más de cuatro millones en el paro? ¿Por qué no pedimos mejoras en la educación en lugar de los recortes que soportan nuestros estudiantes? Es intolerable el fallo de unas leyes que dejan libres a violadores y pederastas, o un sistema que llega tarde cuando ya han asesinado a mujeres (ya van once en lo que va de año), como vimos en los dolorosos casos de Marta del Castillo o Mari Luz.
Basta de pasarse la pelota entre el gobierno y la oposición.
Mientras España se ahoga en el paro, la subida de precios, la gasolina por las nubes y el cierre de comercios (¡y ahora hasta cierran los bares por prohibir fumar dentro!), los partidos políticos tradicionales solo recorren el país poniéndose verdes los unos a los otros. Las rosas y las gaviotas no tienen más meta que ganar las elecciones del próximo mes de mayo. La oposición hace su trabajo de achuchar para echar al que gobierna, y el gobierno deja pasar el tiempo y se va por la tangente, como si los españoles fuésemos tontos.
Creo que es hora de salir todos a la calle y recuperar una costumbre que nos dejaron los árabes: la de "quitarse la zapatilla". En nuestro caso, para quitarnos de encima al zapatero.








miércoles, 9 de febrero de 2011

Traiciones de alta esfera: maltrato psicológico, prostitución legal y la viga en el ojo político. Jota Esquivias 2011

Nota de Archivo Histórico (Febrero 2011)
Este artículo fue publicado originalmente a principios de 2011. Se presenta en su versión editada, conservando un alegato pionero y demoledor contra la violencia machista y la explotación de las mujeres. El texto parte de una cita de 1910 del pensador August Bebel para denunciar la persistencia del patriarcado, entrelazando la cruda realidad de los malos tratos con el debate político de aquel mes: el debate sobre la Ley de Partidos ante las nuevas marcas de la izquierda abertzale y la profunda hipocresía moral de las instituciones del Estado.

Estaba yo ayer en una de mis aficiones —tengo varias—; pues, como decía, en una de ellas: leer noticias de periódicos y revistas de otras épocas. Me topé con una frase que venía tras un artículo titulado ”Páginas Feministas” —muy propio, todo hay que decirlo—. El caso es que la frase de August Bebel dice así:
«La mujer es hoy, ante todo, para el hombre, un objeto de goce: subordinada desde el punto de vista económico, tiene que considerar el matrimonio como un seguro sobre la vida, y al depender del hombre, viene a ser una prenda de su propiedad».
Fechado en la revista Vida Socialista el 30 de enero de 1910. Cien años. Cien años en los que la mujer sigue siendo “el objeto de goce”; en los que, cuando ese “goce” no se satisface, el hombre puede asesinar impunemente al “objeto de su deseo” porque la ley nunca será tan dura con el agresor como lo es con la víctima. Diariamente hay víctimas de malos tratos de los que, políticamente correcto, es decir “víctimas de género”, pero ese género, lamentablemente, casi siempre es el femenino. Setenta y una mujeres perdieron la vida en 2010 a manos de sus parejas o exparejas, sin contar el número de desaparecidas o violadas.
El hombre sigue creyéndose con derecho a tener en propiedad la vida de otra persona; de nada vale la ley, la democracia ni el teléfono para las víctimas. Las leyes tienen que cambiar, así como la educación ciudadana, comenzando por las familias.
En estos días se habla mucho del nuevo partido de Batasuna; algunos se preocupan porque los miembros denominados “blancos” no son tales, y piensan como terroristas. ¿Cuántos de nuestros concejales, alcaldes y demás gobernantes son maltratadores? ¿Pensamos alguna vez en ello? ¿Quizás el estigma solo lo llevan los que son de Batasuna? ¿Todo el que se presenta a unas elecciones es tan “blanco” como nos hace creer? ¿O, por el contrario, tiene afición a muchas cosas despreciables, entre ellas, maltratar física o psíquicamente a su compañera?
Vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el nuestro. Muchas de esas mujeres siguen estando “subordinadas” a un marido con cierto poder para hacer y deshacer; muchas son traicionadas y, como consecuencia de ello, “contagiadas” de enfermedades que sus parejas contrajeron en otra parte. ¿Eso acaso no es otra forma de maltrato? ¿El que una mujer tenga que sufrir una enfermedad de transmisión sexual simplemente porque su pareja se fue de juerga?
Quizás se tendría que tener la misma lupa y el mismo miramiento judicial con todos los que se presentan en una lista electoral; utilizar los mismos recursos para todos y no solo para unos cuantos que supuestamente dejaron las armas por la palabra (que, al fin y al cabo, es lo que venimos pidiendo todo el mundo). Que jueces y gobernantes prediquen con el ejemplo y no tengan en sus filas a ninguna persona que en sus “ratos libres” se dedique a ir a casas de “dudosa reputación”. Porque de esos, y me consta, está lleno el sistema político estatal. Esto seguramente no viene en el documento de la Ley de Partidos: ser un “putero” no le debe de importar a jueces y magistrados, porque muchos de ellos están en el mismo saco.
Dejémonos de demagogias baratas, de sistemas corruptos y de estupideces palabreriles; centrémonos en los hechos. Y estos son que cada día es mayor el número de mujeres “subordinadas”, ya sea por matrimonio o por obligación; que cada día aumenta el número de víctimas por maltrato, pero no olvidemos que hay un número aún mayor que lo sufre psicológicamente, y que este último es más propio de las altas esferas que del “vulgo”.
Que la Ley de Partidos no permita en sus filas a ciertos personajes que, pillados in fraganti ( en muchas ocasiones, alardean de su poder sobre jovencitas esclavizadas que trabajan para pagarse su exigua manutención. Que se mire con lupa minuciosa a todos y cada uno de los miembros de partidos que se presentan para representar al pueblo. A estas mujeres nadie las representa: ni a las víctimas, ni a las que se quedan en casa a la espera de sus maridos, ni a las que son obligadas a “trabajar”, esclavizadas tan solo porque a muchos hombres se les olvidó la dignidad.

¿Presunto monstruo o vecino ejemplar? La peligrosa hipocresía frente al asesinato machista /Jota.E/

  Nota de archivo histórico (2015–2026): Este artículo fue escrito en el verano de 2015, en una época en la que los telediarios aún medían ...