Recupero de mis borradores de 2011 un artículo que escribí al calor de un día verdaderamente histórico: el 20 de octubre de 2011. En menos de veinticuatro horas coincidieron el fin de la pesadilla de ETA, el linchamiento de Gadafi en Libia y un nacimiento presidencial en Francia. Una séptima "Cápsula del tiempo" que retrata la montaña rusa de la condición humana y política. Y bueno, ya que hablábamos de elecciones en aquel octubre, insisto: a ver si hay suerte y este próximo noviembre también nos adelantan las urnas, que buena falta nos hace...
Ya han llegado los días de venganza; habéis humillado al pueblo; soportad las consecuencias.
miércoles, 12 de agosto de 2026
Adiós a ETA, la pistola de oro de Gadafi y un milagro en París Jota Esquivias 2026
Hoy, 20 de octubre de 2011, ha sido un gran día para los demócratas y para España en general: la banda terrorista ETA ha decidido el cese definitivo de su actividad armada. Esperemos que esta sea la decisiva y que, después de las elecciones, cuando los resultados no sean favorables a los “negocios” o “asuntos” que se traigan los unos y los otros entre manos, la cosa no vuelva a las andadas.
El cese del terrorismo de esta banda me recuerda al cuento del pastor y el lobo: hemos sido engañados tantas veces que lo más normal sería que fuésemos un poco más prudentes. Pero pedir prudencia a los españoles es más inútil que un supositorio color de rosa, la verdad. Enseguida ha corrido la pólvora por los informativos y, cómo no, le han puesto el micrófono a todo aquel que se supone que tenía algo que decir.
Ni que decir tiene que los unos y los otros han dado sus argumentos arrimando el ascua a su sardina, eso sí, sin perder las formas ni un ápice. Quizás únicamente al candidato del Partido Socialista a la presidencia del gobierno y exministro del Interior (Alfredo Pérez Rubalcaba) casi se le salta una ligerísima lagrimilla, pero todo ha sido un visto y no visto. Todos tan contentos, todos tan felices, todos contra el fuego... (Esa es otra canción, pero que nos debería preocupar más en estos momentos).
Al instante, periodistas, columnistas, artistas y taxistas se han puesto a darnos su “versión” de los hechos: que si ETA ya no tiene dinero ni quien la avale (normal, la crisis afecta a todos y no me imagino yo a unos encapuchados entrando en un banco a pedir un crédito); que si no tienen miembros (en este caso tampoco tendrán “miembras”, que son una panda de machistas cuando hablan de estos temas que da pavor). Arrepentimiento, empatía, engañifa... son algunos de los adjetivos que se barajan en los gabinetes de crisis. Ahora toca reescribir discursos políticos y esperar que estas personas sepan, de una vez por todas, luchar por sus derechos por el camino correcto: las urnas. El pueblo soberano es quien decide; claro que el pueblo se equivoca mucho, pero que mucho, y luego pasa lo que pasa. Pero esa es otra historia que no viene al caso. Agur, ETA, y por favor, que ahora sí sea de verdad.
La otra cara de la moneda ha sido el asesinato de Gadafi. Todos se refieren a su muerte, pero en realidad ha sido asesinado impunemente por aquellos que proclaman la libertad, la justicia y la democracia. Asesinar a una persona en nombre de esas tres maravillosas palabras no es de recibo, ni mucho menos. Esta persona tenía derecho a un juicio justo; tenía derecho a algo que él nunca concedió a los demás. ¿Pero es justo tomarse la justicia por mano propia? ¿Es justo que lo maten y encima se queden con su pistola de oro? ¿Habrá sido tan solo por el botín? ¿Es consciente el mundo de lo que acaba de pasar? Algunos aplaudirán tal hecho; yo no puedo menos que recriminarlo, pues hasta donde mis ideales llegan, ninguna persona tiene derecho sobre la vida o la muerte de otra. Este personaje debía pagar con pena de cárcel por el resto de su vida por cada una de las fechorías cometidas en nombre de su enorme ego. Ahora vendrán días de pasear el cadáver, de revueltas, de matanzas, de supuestos altos el fuego... mil y una historias hasta que el pueblo libio —valiente, pero con un yacimiento bajo sus pies demasiado goloso para Occidente— decida volver a confiar en otro “coronel” y les vuelva a pasar lo mismo. Solo pido que si los políticos internacionales tienen que ir a echar una mano en la reconstrucción, por favor no manden a Zapatero. Que él se quede en León admirando las nubes y deje a los libios bregar con sus problemas, que mandarlo allí sería peor que desatar las diez plagas del desierto.
Pero no todo son malas noticias. Hoy también ha visto la luz la hijita de Carla Bruni y el presidente Sarkozy. La pequeña ha nacido sin ningún problema, aunque la noticia de su nacimiento se ha visto enturbiada por los otros temas sociales que a los mayores les parecen más importantes. No han comprendido que un nacimiento representa el principio de todo: es el milagro del presente y la esperanza del futuro. Bienvenida al mundo, pequeña; ahora te toca crecer, desarrollarte, estudiar y convertirte en un excelente ser humano. Felicidades a los padres.
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