Archivo histórico (Escrito en 2012 / Revisitado en 2026): Publico este análisis tal y como nació hace años. Es alarmante comprobar cómo, a pesar del paso del tiempo y de todo lo que supuestamente hemos aprendido, cada diagnóstico sobre el gasto público, los recortes y la falta de responsabilidad política sigue estando hoy de absoluta y rabiosa actualidad
Decía Marie Curie que la vida no es fácil para ninguno de nosotros, ¿pero qué hay con eso? Tenemos que tener perseverancia y, sobre todo, confianza en nosotros mismos.
A estas alturas, tal vez quede alguien en España que aún piensa que esta situación no va con él, que no le afecta en modo alguno o que tiene sus ahorros seguros. Pero, cuando se dé cuenta de la verdadera realidad, quizá sea demasiado tarde…
En España, durante unos cuantos años llamados “de bonanza”, gastamos sin control alguno; muchos incluso lo que no tenían. Nos olvidamos de esa lección que viene en el libro más leído del mundo (aunque son pocos los que lo interpretan debidamente): la Biblia. En ella se habla de los siete años de vacas gordas y los siete de vacas flacas. Efectivamente, el Partido Popular ganó la cuarta presidencia de la democracia el 5 de mayo de 1996 y dejó el poder el 17 de abril de 2004.
Durante su primer año de gobierno, el PP evaluó la situación, aplicó medidas que gustaron o no, y llevó a España a la cabeza de Europa. Fueron siete años de vacas gordísimas donde el dinero comenzó a llenar los bolsillos de muchos españoles. Fatalmente, el 14 de marzo de 2004, el destino o la parca fiera quiso que los votantes pusiesen su confianza en un gobierno socialista que llegó al poder con unas arcas repletas. Al año siguiente comenzaron los siete años de vacas flacas que arrastramos hasta la fecha.
Podríamos pensar que, siguiendo esta tendencia, a partir de 2012 se volvería a los graneros llenos, bajaría el paro y todo sería igual. Pero ahora todo ha cambiado. España debe bajar su déficit en 9,4 puntos porcentuales en los próximos diez años; una de las reducciones más drásticas del mundo. Eso, en cristiano, significa recortes hasta en las patillas: Sanidad, Educación, Pensiones... Ya no tenemos la fuerza que antaño nos llevó a ser el terror de Europa cuando nuestros tercios cruzaban fronteras, ni somos capaces de salir adelante si alguien no nos lleva de la mano. Aunque, en estos últimos años, le dimos la mano precisamente al que nos arrastró hasta la orilla del precipicio.
La cuestión es clara: hay que reducir la deuda y, como se dice vulgarmente, coger al toro por los cuernos.
Debemos trabajar todos juntos para salir de esta y no esperar a que nos echen una soga que, tal vez, termine en el cuello. De las arcas públicas, que se llenan con los impuestos de todos, hay que eliminar las pensiones vitalicias de diputados, senadores y demás congéneres de la patria. Si estás cuatro años en un puesto, no se te tiene que recompensar para el resto de tu vida. Es urgente revisar los sueldos de alcaldes y concejales, cambiar la ley para que haya cárcel real para los que roban, obligar a los políticos corruptos a devolver lo sisado más intereses, e inhabilitarlos de por vida para ocupar cargos públicos.
Hay que eliminar los coches oficiales. De hecho, en Castilla-La Mancha se ha anunciado una subasta de vehículos de alta gama que el señor Barreda y sus socios ostentaban. He leído que tenemos más coches oficiales que Estados Unidos (claro que ellos tienen el Air Force One). Es lo que nos faltaba, porque aeropuertos sin aviones sí tenemos, y autopistas de peaje que no utiliza nadie, también. Pero no quiero desviarme del tema.
Hay que anular todas las tarjetas Visa oro, platino y diamantes: que cada uno se pague el café de su bolsillo. Debemos poner en la calle —aunque aumente el paro— a todos los "cargos de confianza", empleados "enchufados" y los que obtuvieron su puesto a dedo, saltándose bolsas de empleo y oposiciones. Con el dinero de los que sobran habría suficiente para regular el sueldo de los funcionarios que sí trabajan. También hay que meter la tijera a los liberados sindicales: solo en Castilla-La Mancha hay más de 700. Basta ya de chupar de una vaca que se está secando.
Con todo esto, y rebajando las partidas de los Presupuestos Generales del Estado destinadas a transferencias a sindicatos, partidos políticos y fundaciones de oscuros términos, se ahorrarían más de 45.000 millones de euros. No haría falta tocar las pensiones ni recortar 6.000 millones en inversión pública. Ese dinero se podría invertir en la pequeña y mediana empresa, que es el verdadero motor de este país.
El problema principal de España es su clase política: corruptos y mafiosos en potencia. Hay que limitar su número, regular sus actuaciones, exigirles responsabilidades y reclamarles por ley los compromisos que adquieren en campaña.
Ahora todos abogan por el "cambio", curiosamente lo mismo que se defendía en la campaña de 1982, aunque esta vez sea el PP quien pide el cambio y no el PSOE, que fue el padre de la idea. Esperemos que el próximo 21 de noviembre comencemos, de verdad, a trabajar para salir de esta.

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