Archivo histórico (Escrito en mayo de 2012 / Revisitado en 2026): Traigo de vuelta esta crítica escrita al calor del Día del Trabajador de 2012. Por aquel entonces, España digería una crisis galopante y el expolio internacional de nuestras empresas, mientras los sindicatos copaban las portadas. Releer hoy, en pleno 2026, los textos obreros de 1912 que incluí en este post nos recuerda una verdad incómoda: una cosa es el que suda la camiseta en el taller, la fábrica o el campo, y otra muy distinta el que vive del cuento a costa del esfuerzo ajeno.
Hablar o celebrar el Primero de Mayo, tal y como están las cosas en España, es puro eufemismo. Pero lo cierto es que por nuestra malograda piel de toro se pasaron tiempos muy difíciles, y los españoles siempre tuvieron el suficiente valor para salir adelante.
Hoy salen a la calle los sindicatos, en el único día que trabajan en todo el año (si no contamos los que salen en manifestación o huelga). Y es que es una paradoja ver a estas personas que cobran por hacer lo que otros hacemos gratis. O sea, si tú vas a la huelga, no cobras ese día, ni esa semana, ni ese mes, dependiendo de la duración. Pero el sindicalista sí cobra por calentarte la cabeza y alentarte a hacer algo que a ti, a lo mejor, ni siquiera se te había pasado por la imaginación. Otro tanto pasa con el Día del Trabajador: es fiesta para todo el mundo y, en cambio, ellos salen a “trabajar”.
Atrás quedaron los tiempos en los que los sindicatos se pagaban con el dinero de los propios trabajadores, y eran estos, en sus horas libres, los que alentaban a los demás a ejercer sus derechos. Unos derechos que actualmente vemos como algo normal, pero que hace cien años eran solo el privilegio de unos pocos. No hay que olvidar que las bases generales para la Seguridad Social no llegaron hasta 1963, en plena dictadura franquista, y que toda la lucha social anterior fue costeada por los propios trabajadores a través del Mutualismo Obrero, que nació en plena Revolución Industrial (1839), o la protección de Accidentes de Trabajo (1900), que se cofinanciaba entre el Estado, los sindicatos y el propio trabajador.
Ahora, en cambio, es el Estado quien paga a esos sindicatos, y de ahí radica el que no movieran un dedo durante un gobierno socialista de siete años que llevó a España a la ruina, y que en apenas unos meses de otro gobierno estén en candelero todo el santo día. Como vulgarmente se dice: se les ve el plumero. Los señores Toxo y Méndez se dan multitudinarios baños de masas, salen en prensa y televisión, y conceden entrevistas a diestro y siniestro; pero en realidad solo defienden su magnífico y cómodo puesto. [1]
Si de verdad mirasen por los trabajadores, habrían visto la imparable destrucción de empleo de los años anteriores. Habrían visto la precaria situación de personas que se han quedado sin hogar o la caótica situación de ayuntamientos y comunidades autónomas que se han dedicado a gastar y robar más de lo que entraba en las arcas. Y me da igual el color político: los hay de todas las siglas porque "chorizos" hay de muchas clases.
Para colmo, somos el hazmerreír de muchos países, incluida Argentina, que expropia impunemente empresas españolas ante el aplauso de los suyos. Los mismos que aquí defienden la ley de extranjería para que todo el que quiera venir a España entre y haga lo que le dé la real gana, son los mismos que justifican allá la actitud de “lo que hay en Argentina es para los argentinos”. Me parece el colmo de la desfachatez y un insulto para todos los españoles (incluidos catalanes, vascos, gallegos, valencianos y todos los que andan reivindicando territorios).
Pero volviendo al Uno de Mayo, si hace un siglo los obreros luchaban por tener una jornada de ocho horas o por no trabajar los domingos, prefiriendo ganar menos pero al menos descansar más horas, miren lo que se escribía entonces:
“Otro año más; los trabajadores reproducirán ante la burguesía y ante los Poderes Públicos, el establecimiento de la jornada de ocho horas. Una vez más los parias, condenados a una vida donde sólo el dolor es patrimonio de los desposeídos, harán vibrar en los mítines su cálida palabra, anatematizando a un régimen social que condena a los trabajadores a una jornada interminable, pero que en cambio puedan vivir en la ociosidad quienes su suerte u otros accidentes fortuitos les coloca en un lugar de preferencia en el plano de la vida…”— Fragmento de un artículo firmado por Generoso Plaza (Burgos, 1912). Publicado por la Revista Socialista, 1 de mayo de 1912.
Podemos descubrir por el escrito que, en la actualidad, parte de esos “que viven en la ociosidad” son toda una serie de personajes aprovechados: sindicalistas, alcaldes, concejales, diputados, senadores y demás calaña a quienes les importa un pimiento la precariedad de las familias o sus desahucios, pero que no quieren perder ni un ápice de su estatus social ni de su regalada existencia. El "accidente de la vida" que los puso donde están les quitó toda credibilidad frente al verdadero problema.
¡Marchad!¡Miradlos, allá van los oprimidos!Los humildes esclavos del salario,Los mártires sublimes de la vida,Los colosos del arte y del trabajo;Los que laboran con afán profundo,En talleres, en fábricas y en campos;Los que bajan al fondo de las minasEn busca de tesoros subterráneos;Los que cruzan los mares procelosos,Benéficos sin cuento reportando;Los que nunca reposan, los que vivenTrabajando sin tregua ni descanso;¡Los que obtienen por premio a sus desvelosEl hambre, la miseria y el escarnio!— José Trigo Durán (Huelva, 1912). Publicado en la Revista Socialista, 1 de mayo de 1912.
Como podemos apreciar, el poema no habla de liberados sindicales ni de políticos del tres al cuarto, sino de los que de verdad trabajan, sudan y sufren por levantar un hogar, una familia, un pueblo y un país… Saquen sus propias conjeturas.


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