caían copos menudos
de nieve; y el tierno infante
iba con los pies desnudos.
iba con los pies desnudos.
Aunque astroso y pobretón,
era una preciosidad,
con mucha penetración
y con diez años de edad.
era una preciosidad,
con mucha penetración
y con diez años de edad.
A la escuela dirigía
su marcha con paso breve,
y sus plantas imprimía
sobre la cuajada nieve.
su marcha con paso breve,
y sus plantas imprimía
sobre la cuajada nieve.
Un mercader de calzado
le vio pasar por su vera
y le dijo: —¡Desdichado!
¿Cómo vas de esa manera?
le vio pasar por su vera
y le dijo: —¡Desdichado!
¿Cómo vas de esa manera?
Existe en mis almacenes
una abundante partida
de calzado, y allí tienes
zapatos a tu medida.
una abundante partida
de calzado, y allí tienes
zapatos a tu medida.
Hay allí calzado recio
tan bueno como el que más,
y por un exiguo precio
fuertes zapatos tendrás.
tan bueno como el que más,
y por un exiguo precio
fuertes zapatos tendrás.
Así en tus pies no hará daño
el frío con su rigor.
Y entre apacible y huraño
repuso el niño: —¡Ay, señor!
el frío con su rigor.
Y entre apacible y huraño
repuso el niño: —¡Ay, señor!
De mi suerte lastimera
son mis pies testigos mudos.
¿Yo, pobre, qué más quisiera
que no llevarlos desnudos?
son mis pies testigos mudos.
¿Yo, pobre, qué más quisiera
que no llevarlos desnudos?
Pero está mi padre amado
sin labor y sin dinero
y para mí no hay calzado...
—¿Qué es tu padre?
—¡Zapatero!
sin labor y sin dinero
y para mí no hay calzado...
—¿Qué es tu padre?
—¡Zapatero!
Álvaro Ortiz
Publicado en La Revista Socialista (Madrid, 1 de enero de 1906).
Publicado en La Revista Socialista (Madrid, 1 de enero de 1906).
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